*) FAO

El Frente Parlamentario contra el Hambre de América Latina y el Caribe difundió hoy una carta abierta llamando a no desatender la lucha contra el hambre y la malnutrición durante la pandemia de COVID-19.

*) Ec. Pablo Broder

Resulta obvio señalar que el mundo está atravesando una situación límite, casi de improviso, que arremetió con velocidad abrumadora.

No podría decirse que sea inimaginable. Quizás para algunos, pero otros podrían evocar en el orden local las epidemias de fiebre amarilla del siglo XIX, o la de la llamada gripe española del último siglo. Ni qué decir que Albert Camus recreó con anticipación de muchas décadas, en su maravilloso libro “La peste”, situaciones similares a las actuales.

No obstante, a pesar de las consecuencias terribles del coronavirus, podrían rescatarse, como en casi todas las situaciones vitales, algunas positivas, como entre otras:

-        la actitud del presidente, quien se puso personal y enérgicamente al frente de la crisis, tomando las decisiones conocidas. Cerró fronteras, suspendió clases, canceló vuelos y viajes de colectivos de media y larga distancia, y finalmente dispuso la cuarentena obligatoria.

-        la foto inicial del presidente junto con el jefe de gobierno de la ciudad y el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Lo mismo que las sucesivas muestras de unidad, en las reuniones con los líderes de la oposición.

-        la actitud de la oposición, deponiendo hostilidad y críticas a la acción gubernamental en esta circunstancia.

-        la conducta responsable de vastos sectores de la sociedad, que comprendiendo la gravedad de la situación, respetan las consignas oficiales.

LO MALO DEL CORONAVIRUS

-        Fundamentalmente el riesgo para la salud de la población, que si bien presenta menores índices de letalidad, supone una gran amenaza.

-        Consecuencia directa de la restricción de la actividad, la actividad económica entró en una espiral descendente, sin precedentes en muchas décadas, con consecuencias aún más graves para los sectores sociales más desguarnecidos, panorama que se agrava en un país como la Argentina, aquejado de un estancamiento económico casi secular.

-        El descenso del producto bruto mundial a cifras casi inimaginables, con sus consecuencias graves en los países más débiles (la Argentina es uno de ellos) y la consiguiente escalada de los niveles de desocupación. Evoca para muchos el escenario de la depresión de 1929 con las secuelas económicas, financieras y sociales conocidas.

-        Así como se señalaba la positiva concientización de una parte importante de la población respecto a las medidas de precaución a adoptar, existen lamentablemente aún, muestras de falta de solidaridad y conciencia comunitaria, ante las disposiciones para tratar de contener la pandemia. Desde aquellos que se apuraron a desabastecer los supermercados, o quienes tomaron la suspensión de las clases o las licencias forzadas como vacaciones imprevistas, o quienes hacen caso omiso de restringir la circulación y/o en su caso, cumplir las cuarentenas obligatorias.

-        La actitud de los diputados que dispusieron originalmente asignar a cada legislador un subsidio de 100.000 pesos para que puedan destinarlos a: “evitar la propagación del coronavirus, brindar asistencia a …”. Resabios de una actitud acostumbrada de utilización de fondos públicos con características de punterismo partidario. Afortunadamente, ante la reacción de la prensa seguida de inmediato por el interbloque de Juntos por el Cambio, casi todas las bancadas anunciaron que se destinarán esas sumas a distintas entidades abocadas a la tarea de combatir el avance del coronavirus.

-        Por último y muy grave, la actitud incomprensible de la segunda autoridad nacional, la vicepresidente de la Nación, quien en una situación de gravedad extrema, se ausentó del país, trasuntando, en el mejor de los casos, desinterés por los problemas nacionales.

En este contexto, cabe esperar que los aspectos inesperadamente positivos de este flagelo se prolonguen, en un mundo, donde, tal como reza el texto bíblico: “esto también habrá de pasar”.

*) Es Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, habiendo realizado cursos de especialización en Economía Moderna en la Universidad Federico Santa María (Valparaíso, Chile).

Fue profesor y miembro del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires; y profesor (en la carrera de postgrado) y director del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de la Cuenca del Plata, Corrientes. Argentina.

Presidió la Fundación de la Facultad de Ciencias Económicas, fue miembro del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Capital Federal, y Secretario General de la Sociedad Internacional para el Desarrollo en Argentina.

Fue Secretario de Programación Económica del “Gabinete de la Oposición” de la Unión Cívica Radical (Comité Nacional). Ha sido el introductor en la Argentina del programa Grameen, siendo a su vez presidente de la Fundación Grameen Argentina y representante honorario para la Argentina y el Paraguay del Profesor Muhammad Yunus, creador del Grameen Bank (el Banco de los Pobres) en el mundo.

Expositor en diversos congresos, nacionales e internacionales, columnista en medios gráficos, radiales y televisivos, es autor de numerosos artículos.

Sus libros: “Fundamentos de la Economía”; “Desarrollo y Estancamiento en el Proceso Económico Argentino”; “La Argentina y el Mundo”; “La convertibilidad en crisis”; “La Argentina de la posconvertibilidad”; “Dos años en la era K”; “Mitos y realidades en la era K” y “El ocaso de la era K”.

Desarrolla su actividad en el ámbito público y privado, como director y asesor de gobiernos locales, empresas e instituciones.

*) Mag. José Luis Corbo

“Hoy, con la cosificación de la profesión de enseñar que ya se anuncia, se produce en este campo un profundo giro… hace ya mucho que el profesor, lenta pero pienso que inconteniblemente, ha pasado a ser un vendedor de conocimientos, al que se compadece porque no es capaz de hacer valer estos de mejor manera en su propio interés material” (Adorno, Th. Tabúes sobre la profesión de enseñar, 1969)

No pretendemos en un texto breve, realizar un análisis minucioso de cómo se suceden las relaciones de intercambio en una sociedad que podríamos denominar de capitalismo tardío. Sería casi que de perogrullo aclarar que todo aquello que de alguna forma es plausible de ser materializado, convertido en objeto mediante un simple acto de abstracción, adquiere per se un valor de cambio que excede en gran escala su valor de uso.

Es decir que todo aquello que de alguna forma se vende, más aún la mano de obra cosificada, abstraída de la realidad concreta, ingresa a las relaciones de intercambio y se ofrece en el mercado a un precio que es determinado por las propias dinámicas de dicho mercado y que será entonces el reflejo de las correspondientes relaciones de producción.

Para el caso de la docencia, podríamos realizar algún tipo de apreciaciones. Entendemos esencial aclarar que todo aquel que educa es parte de un proyecto político educativo. Ese proyecto que se presenta como recorte de lo concreto, que se abstrae para construirse, se inscribe dialécticamente en esa realidad concreta. Es decir que aquella acción docente que se vende como fuerza de trabajo sólo irá más allá de la abstracción en la medida en que el docente trabaje conscientemente en la construcción de ese vínculo con lo concreto.

El trabajo del docente, o más precisamente su fuerza de trabajo, encuentra su sentido únicamente en su vínculo con la praxis. Aquello que enseño, de alguna manera se fusiona con la realidad en que se ve significado y su potencial educativo se condensa en su encuentro con esa realidad. Es el docente quien, de alguna manera, “pedagogiza” aquello que enseña, con cierta autoridad simbólica emanada de su rol, y serán sus decisiones las que potencien (o no) el valor de su labor.

Esa relación de aquello que se enseña con la praxis, ha quedado relegada en demasiadas de las propuestas educativas contemporáneas. Como nos dice Adorno, el docente se transforma en un vendedor de conocimientos que presenta su saber en el mercado y lo vende a la mejor oferta de compra.

El valor de cambio de la docencia se asocia a su vez a la formación y profesionalización de los docentes en una sociedad meritocrática. El que más estudia vende mejor su fuerza de trabajo. Una formación que debió vincularse inicialmente con su valor de uso en relación con su vínculo con la praxis, se sostiene sobre su valor real de cambio en la medida en que el docente juega con eso en el mercado. El saber es mercancía y la docencia se mercantiliza.

A su vez, las estructuras burocráticas potencian la competencia entre sujetos en base a sistemas de competición dedicados a pesar papeles y son incapaces, en el mayor de los casos, de reclamar el valor real de la formación para la educación, el de enseñar para trasformar y transformarse.

La producción de conocimientos que es delegada a la academia –en el mayor de los casos- también adquiere un valor en sí misma, alejado de la praxis y como nueva abstracción. Se produce desde la aparente desconexión con la realidad objetiva y se acumulan conocimientos cual mercancías. Cada vez sabemos más. Pero cada vez sabemos menos para qué sabemos.

Lo cierto es que esa producción de conocimiento siempre esconde un interés, tal como dice Habermas, y aquel que desconoce ese interés terminará, indefectiblemente, aportando a la reproducción. El interés emancipatorio es la quintaesencia de la relación entre la educación y la praxis.

Esa cantidad de conocimientos que tenemos para enseñar –o para vender-, no logra impactar en el estudiante porque carece de sentidos materiales en cuanto a su propia producción. Producción que es también profundamente política, porque sería un tanto ingenuo y hasta irresponsable entonces, desconocer sus intereses subyacentes.

Asumir las dificultades de una docencia cosificada se vincula a la necesidad de recuperar su valor real, aquel que se somete al juicio crítico de su capacidad para la construcción de proyectos sociales transformadores, emancipadores. Dejemos de una vez por todas de lado la enseñanza con pretensión de verdades asépticas. Cuestionemos todo lo que enseñamos y pensemos para qué lo enseñamos.

Recuperemos el valor real de la enseñanza desde su verdadero sentido de ser, desde su vínculo real con la realidad y las relaciones concretas de los sujetos.

 

*) Licenciado en Educación Física. Magister en Didáctica de la Educación Superior. Posgrado en Didáctica de la Educación Superior. Actual Director Coordinador de Educación Física de CEIP Maldonado.

Integrante de la línea "La Educación Física y su Enseñanza" adscripta al grupo “Políticas Educativas y Formación Docente. Educación Física y Prácticas Educativas”.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

La inmunidad física es la creación de defensas ante virus o bacterias por procesos propios e individuales. A veces, aparecen nuevos virus ante los que no hemos desarrollado inmunidad, como el coronavirus Covid-19. Del mismo modo, detectamos procesos psíquicos para funcionar saludablemente ante impactos disruptivos a los que llamamos inmunidad psíquica (Dr. Benyakar, M).

Cada psiquismo tiene su propia modalidad defensiva ante las adversidades. Existen situaciones en que el psiquismo no puede reconocer el peligro. La esencia de la inmunidad psíquica es desarrollar defensas enfrentando las situaciones y no huyendo o negándolas.

Las características de la inmunidad psíquica son: 1) reconocer el factor dañino, 2) reconocer individualmente reacciones propias y 3) tomar individualmente las medidas adecuadas para preservarse de ellas.

Ante los impactos inesperados, algunos reaccionan escapándose, negando la situación, entre otras. Al emerger estas reacciones las personas pueden sentirse extrañas, lo que se vuelve nocivo y persecutorio. De la misma manera que cada organismo reacciona de forma idiosincrática ante las afecciones, psíquicamente cada cual reaccionará en base a su propio estilo.

El coronavirus nos enfrenta a la falta de capacidad de desarrollar defensas físicas, y junto a ello no nos permite desarrollar defensas psíquicas, puesto que nos enfrenta a lo que el hombre no puede aceptar, la incertidumbre. Es sumamente amenazante que el individuo no pueda tener ningún tipo de proyección no sólo en su vida personal, sino con su entorno familiar, social y económico.

Sabemos interaccionar en forma positiva o negativa, pero desconocemos cómo es vivir aislados. El coronavirus puede coartar el desarrollo de inmunidad psíquica porque la amenaza es lo absolutamente incierta.

Debemos incentivar el desarrollo de la inmunidad psíquica transformando lo incierto en conocido, abordable, posible. Comenzando desde los marcos más íntimos para contactarnos con lo propio. Surge la incógnita de cuál es la respuesta.

Es muy simple, solo la creatividad, una acción mancomunada y solidaria y el apoyo mutuo entre las personas puede transformar lo no conocido en propio. (Dr.Benyakar, M)

Nos exigimos hacer algo y nos proponemos menos veces. Tal vez si fuera la propuesta un recurso colectivo podría ser más frecuente alcanzar metas juntos. El desafío es encontrar algo en conjunto. Lo colectivo ha sido siempre fuente de logros, no de éxitos. La serenidad y el equilibrio son -en tiempos de coronavirus- el mayor d ellos desafíos pero, seguramente, la fuente de mayores logros y satisfacciones. (Dra. Altavilla, Diana)

*) Doctorando en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina.

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

Secretario General de la Sección Suicidio y Autolesiones de la World Federation for Mental Heald (WFMH).

Entre las medidas que han tomado los Gobiernos de muchos países de América Latina y el Caribe ante la rápida expansión del coronavirus COVID19 está el cierre de las escuelas y, por ende, la suspensión de los programas de alimentación escolar.

*) Mag. José Luis Corbo

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”. Bertolt Brecht

A primera vista, es complejo encontrar la distinción precisa entre lo político y la política. Tal vez el uso simplista de los términos inhabilita el propio análisis o tal vez aquellos que hacen de la política su profesión, aquellos que creemos están obligados a -por lo menos- pensar estas precisiones, son siquiera capaces de comprenderlas.

Considerando que todo es político -tanto teoría como praxis- podríamos decir que cada acción en la que nos vemos implicados como sujetos es plausible de análisis político el cual, lejos de mostrarse abiertamente a los ojos de todos, es capaz de esconderse en el entramado de relaciones subyacentes que sostienen un sistema político en permanente movimiento.

El hecho es que el espectro de lo político habita la dimensión global y concreta de todas las acciones entre sujetos. Cada práctica que implica relaciones de poder, dadas sus particularidades, podrá ser o no exteriormente caracterizada de práctica política por esos sujetos que la configuran, más no por eso dejará de serlo.

Pensar entonces en lo inofensivo de las pequeñas acciones políticas que implican relaciones -visibles o no-, supone quedarse con la abstracción de la acción, es decir, pensar que eso que ahí sucede no trasciende más allá de la práctica como recorte del universo de lo concreto. Imposible, dado lo indisociable de lo abstracto y lo concreto.

Es aquí donde parece imprescindible destacar la relación dialéctica entre lo universal y lo particular. Aquello que se configura como universo de lo político y que se dibuja como representación de un todo, se relaciona dialécticamente con las construcciones particulares que se desprenden de las acciones diarias de los sujetos.

Quiere decir entonces, que cada acción y cada decisión que tomamos a diario son acciones y decisiones políticas y no solamente en referencia a la praxis -acción de sujetos sobre sujetos para transformarlos y transformarse- sino también a la poiesis o producción -acción de sujetos sobre objetos-.

Para este último caso, podríamos decir que cada vez que me relaciono con un objeto producido por otro sujeto, que esconde bajo sus formas lo imperceptible del fetichismo de la mercancía, su dimensión política es incuestionable.

El hecho es que muchas veces no somos conscientes de la trascendencia de nuestras acciones y somos incapaces siquiera de reconocer la relación que  nuestras acciones individuales generan sobre la condición general de lo político como hecho concreto.

El nuestro país se ha instalado de forma definitiva una lógica neoliberal de hacer política que, si bien es histórica y ya fue en su momento cuestionada, resurge cada vez con más fuerza y se instala de forma apresurada. Es la política del favor, la que entiende que la política se teje en el pequeño mandado al vecino que lo vota, aun cuando ese favor es incapaz de trascender más allá del favor mismo.

Esa misma política instala la individualidad y el egoísmo, el voto por lo que a mí me sirve, por aquello que entiendo que de alguna manera me favorece, a la vez que me aleja de toda posibilidad de ubicar en el contexto político general el peso de mis acciones.

Son políticas en territorio que apuntan justamente a eso, a fraccionar las acciones políticas, a individualizarlas -pongamos que el voto es una más de todas esas prácticas políticas de las que hablamos-, haciendo creer a la gente que esa forma de pensar es la que realmente la empodera, pero negándoles subliminalmente la posibilidad de conocer el fondo político de las decisiones que “la política” de estado toma en esa suerte de abuso de poder permanente en el que caen los representantes institucionales del Estado cuando se olvidan que son representantes del pueblo y no de los intereses del sector que los vota.

La corrupción nace de forma particular en aquel que espera favores de aquellos que vota, en la acción del voto como práctica política a la espera del provecho individual y desconociendo que, a la vez que uno se favorece como individualidad, hay un contexto general de lo político en territorio que se construye bajo los cimientos de la corrupción.

La corrupción no está solo en “la política” como acción concreta, partidaria, en los políticos de profesión, la corrupción nace de las pequeñas acciones individuales de aquellos que votan, esperan y avalan. Avalan el desarrollo de las políticas del amiguismo a toda escala y dimensión.

Es tan corrupto el que espera el cargo como el que espera la licitación de la ruta, de los parques o del kiosco de la playa o inclusive el que espera el asado gratis en el comité, porque generalmente su libertad de esperar tampoco está ligada a una necesidad de vida o muerte.

Su corrupción nace de una ignorancia inducida por esos mismos que vota y es la resultante de un desconocimiento de su accionar político y de la posibilidades que la acción política habilita. La corrupción no tiene escalas que midan en volumen de dinero, simplemente tiene niveles de decisión y niveles de incidencia, dependientes también dialécticamente.

Tal vez lo más triste sea aquel corrupto incapaz de reconocer su propia corrupción.

 

*) Licenciado en Educación Física. Magister en Didáctica de la Educación Superior. Posgrado en Didáctica de la Educación Superior. Actual Director Coordinador de Educación Física de CEIP Maldonado.

Integrante de la línea "La Educación Física y su Enseñanza" adscripta al grupo “Políticas Educativas y Formación Docente. Educación Física y Prácticas Educativas”.

*) Ec. Pablo Broder

En medio de grandes dificultades económico-financieras, la política argentina ofrece un panorama bicoalicionalista.

El oficialismo y la oposición, articulados en los heterogéneos Frente de Todos y Juntos por el Cambio, evidencian las diferencias que los atraviesan.

En el caso del frente opositor, se destaca, para desencanto de sus seguidores, una absoluta inacción.

Por su parte, el presidente Fernández está dispuesto de inicio a convivir con su vicepresidenta, espíritu que opera no solo como un propósito personal, sino también como un condicionante.

Contra el esperanzado optimismo inicial de algunos que hubieran querido ver signos de independencia, siguen exteriorizándose en la actualidad presiones de sectores K, ahora con la bandera de “no más presos políticos”, contra la afirmación presidencial en contrario, quien las titula “detenciones arbitrarias”.

No da lugar al optimismo, en este aspecto, un hecho que tiene sus raíces en la estructura institucional del país: Cristina Kirchner gobierna el Parlamento (la llave para sancionar las leyes que el Poder Ejecutivo necesita). Domina en forma directa el Senado, y a través de su hijo presidiendo la bancada peronista controla también la Cámara de Diputados.

Además, el kirchnerismo tiene ubicados en ministerios y dependencias públicas segundas líneas que son las que posibilitan efectivamente la acción de los titulares, aun cuando estos no hayan surgido de su personal decisión.

En la actualidad surgen diferentes versiones sobre el origen de la voluminosa deuda externa del Estado argentino, algunas de ellas no del todo ajustadas a la verdad, en el intento mediático de asignar la mayor responsabilidad al último gobierno no peronista.

Sin embargo, la realidad es que Argentina tiene una deuda de más de 310 mil millones de dólares, monto que incluye el compromiso con el FMI de 44 mil millones de dólares asumido por el gobierno anterior.

No obstante ,la deuda no es un problema reciente. Ya en 2015, luego de 12 años de gobiernos peronistas, era de aproximadamente US$ 240 mil millones de dólares.

En 2018 el presidente Macri debió acudir al FMI urgido por un brusco cambio en el humor de los mercados (suba de las tasas de interés, baja de precios de comodities, escape de los capitales hacia el dólar), que se reflejó en fuertes presiones sobre el peso argentino, prima de riesgo soberano más elevada y la posibilidad de no poder afrontar el pago de las cuentas el resto del año.

A pesar de ser aprobado por el FMI, el plan económico fracasó; a mérito de la herencia recibida en el año 2015sumado a numerosos errores propios.

Una de las primeras decisiones del actual gobierno fue proclamar la decisión de no honrar los compromisos contraídos por la Argentina.

Rememora esta posición cuando en el zenit de la crisis del año 2001, el entonces presidente Rodríguez Saá anunció la suspensión de los pagos por la deuda externa y recibió una clamorosa ovación de parte del Congreso que asistía a su discurso inicial.

Mas allá de la suerte que corra ese intento, el respeto a la ley y al Estado de derecho adquieren un valor primordial, que excede y está por encima del tema exclusivamente financiero, especialmente porque quien incumple los contratos y las instituciones, una vez más, es el propio Estado encargado de velar por su cabal vigencia.

Irónicamente, algunos representantes y voceros adictos responsabilizan al FMI por la crisis (es como culpar de los males a la ambulancia que acude a socorrer a un herido), argumento falaz para implementar una reestructuración de la deuda severa que le permitiría eventualmente llevar a cabo una política fiscal que no habría de inspirar la inversión ni el crecimiento.

El futuro, en estas circunstancias, dista de ser esperanzador.

 

*) Es Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, habiendo realizado cursos de especialización en Economía Moderna en la Universidad Federico Santa María (Valparaíso, Chile).

Fue profesor y miembro del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires; y profesor (en la carrera de postgrado) y director del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de la Cuenca del Plata, Corrientes. Argentina.

Presidió la Fundación de la Facultad de Ciencias Económicas, fue miembro del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Capital Federal, y Secretario General de la Sociedad Internacional para el Desarrollo en Argentina.

Fue Secretario de Programación Económica del “Gabinete de la Oposición” de la Unión Cívica Radical (Comité Nacional). Ha sido el introductor en la Argentina del programa Grameen, siendo a su vez presidente de la Fundación Grameen Argentina y representante honorario para la Argentina y el Paraguay del Profesor Muhammad Yunus, creador del Grameen Bank (el Banco de los Pobres) en el mundo.

Expositor en diversos congresos, nacionales e internacionales, columnista en medios gráficos, radiales y televisivos, es autor de numerosos artículos.

Sus libros: “Fundamentos de la Economía”; “Desarrollo y Estancamiento en el

Proceso Económico Argentino”; “La Argentina y el Mundo”; “La convertibilidad en crisis”; “La Argentina de la posconvertibilidad”; “Dos años en la era K”; “Mitos y realidades en la era K” y “El ocaso de la era K”.

Desarrolla su actividad en el ámbito público y privado, como director y asesor de gobiernos locales, empresas e instituciones.

*) Mag. José Luis Corbo

“La presente sociedad industrial ha incrementado más que reducido, la necesidad de funciones parásitas y alienadas (para la sociedad como un todo, y también para el individuo). La publicidad, las relaciones públicas, el adoctrinamiento y la obsolescencia planificada ya no son costos improductivos sino elementos básicos de los costos de producción” (H. Marcuse)

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

 "Estos hijos de p…” dice un joven y define con esas cuatro palabras todo un cuadro de situación social que rápidamente configura amigos y enemigos, incluidos y excluidos, privilegiados y desposeídos. Es que el plural es un poco impersonal y al mismo tiempo bien concreto: ellos, los que deciden, junto con ellos, los que los bancan, junto con todos los ellos que invisibilizan consciente o inconscientemente una realidad de hecho.

Es más, tal vez el “estos” sea mucho peor, en esta conflagración anónima de un dispositivo burocrático donde todos de alguna manera son cómplices. Una comunión de complicidades descentrada, recorriendo un sentido común que comprende que ha habido un aborto de una situación subterránea.

Igualmente, lo que no me cierra es el “p…”

El insulto ya está muy instalado en la jerga cotidiana, arrastrando consigo la adjudicación despectiva de la mujer inserta en el mundo del trabajo sexual sin siquiera poner en la discusión toda la conflagración social detrás de la prostitución en la historia de nuestra cultura.

Dice Agamben que los insultos son un tipo de vocablos no predicativos cuyo propósito no es la referencia a un estado de cosas. El insulto es una experiencia del lenguaje autónoma. No se trata de saber si los hijos de p… son o no son empíricamente unos hijos de p…

Se trata del acto de lenguaje por el cual te insulto, me insultas o nos insultamos, y esa experiencia lingüística excede un significado, ya que busca en sí misma provocar un malestar (o un desahogo).

Hay otros tipos de insultos, como “mierda”, por ejemplo, frente al que se vuelve imposible fijar algún tipo de paralelismo. Nadie podría asumir que si le están diciendo que es una “m…” de persona, hay un intento de calificar a la persona con un rasgo que efectivamente no posee. Si así fuera, todo sería demasiado fácil. Te dicen que vos sos una “m…” y vos demostrás una vez más empíricamente que estas hecho de carne, huesos, sangre y a lo sumo compartís con el resto de la humanidad una pequeña cantidad de excremento diario que por suerte siempre se termina yendo. (Sztajnszrajber,D).

En el presente y en la realidad psíquica de cada persona se perpetúa, en efecto, un salvajismo “indestructible” e “incorregible”, ligado a la constitución psíquica primitiva y a los mecanismos de defensa dirigidos contra los excesos de nuestra naturaleza, verdadera condición original heredada por la especie humana a través de la sucesión de las eras.

La violencia del colonizador no vacilaba en echar mano a las virtudes de la misión civilizadora que él se arrogaba frente a los indígenas. La ideología jurídica que sustituía a la creencia religiosa pretendía garantizar un orden alejado de la desmesura y opuesto a los abusos tanto como a los desbordes de las masas.

Al respecto, menciona Freud, basado en sus observaciones clínicas y en el estudio de la literatura antropológica de su tiempo “que el hombre salvaje vela dentro del hombre civilizado, que es vano querer olvidarlo, y peligroso creer que se ha dejado atrás la inhumanidad inherente a la vida pulsional”. (Benyakar,M).

En Resentimiento y remordimiento, Kancyper (1992) trata un problema antiguo y actual con la sutileza y profundidad que lo caracteriza. Dice: “El resentimiento es el amargo y enraizado recuerdo de una injuria particular, de la cual desea uno satisfacerse. El resentimiento es la resultante de humillaciones múltiples, ante las cuales las rebeliones sofocadas acumulan sus ajustes de cuentas, tras la esperanza de precipitarse finalmente en actos de venganza. A partir del resentimiento surge la venganza, mediante una acción reiterada, torturante, compulsivamente repetitiva en la fantasía y/o en su pasaje al acto” Y agrega: “El sujeto resentido está enfermo de reminiscencias. No puede dejar de recordar, no puede olvidar. El sujeto resentido queda capturado en la atemporalidad, no pudiendo, a su pesar, perdonar”.

*) Doctorando en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

Secretario General de la Sección Suicidio y Autolesiones de la World Federation for Mental Heald (WFMH).

 

*) Prof. José Luis Corbo

 “Y, para el hecho de que los seres humanos sean en realidad capaces de enfrentarse con el fenómeno de que su propia racionalidad es irracional, de que, pues, no reciban lo que su comportamiento racional les promete, existe como única respuesta un comportamiento irracional que conduce a que ellos asimilen justamente esta irracionalidad del curso del mundo y se identifiquen con este, y lo conviertan en su propia causa.” (Theodor Adorno)

Está claro que no existe una única forma de entender la libertad. Parece claro también que más allá de esa multiplicidad de ideas que sobre la realidad se tejen, el propio hecho de la libertad parece escondido en el concepto, en la propia idea.

Entendemos, por oposición a esa naturalización banal, que la realidad es objetiva y que responde entonces a las formas de las relaciones sociales de las que deviene en idea, y que sus representaciones son representaciones de clase y de lucha de clase, muchas de ellas antinómicas e insostenibles.

Analicemos la siguiente cuestión.

Por un lado, están aquellos que sostienen que la libertad se construye subjetivamente, entendiéndola como una manifestación personal del sujeto, del orden de lo psicológico. Estas formas de entenderla, enmarcadas bajo las banderas del libre albedrío, o sea de la capacidad del sujeto para decidir su forma de actuar sin condicionamientos ni restricciones, se conectan paralela y contradictoriamente con el derecho positivo en sus formas kantianas.

Es decir que aquellos que promovieron la libertad como representación de lo individual en la modernidad, son los mismos que instalaron restricciones jurídicas sobre el hacer, instalando a su vez una antinomia que define un sujeto libre en tanto actúe respetando las máximas deontológicamente instaladas. O sea que la misma libertad concebida como idea es definida y limitada por la no libertad jurídica, orientada esta última por un constructo normativo que es producto de una clase y de su ideología y que será, entonces, inevitablemente funcional a esa clase.

Adorno lo explica de la siguiente manera. Está claro que la cuestión de la libertad va de la mano con la cuestión del derecho. Pero sucede que los que defienden esa forma de libertad idealista, kantina -en las formas de la autodeterminación-, “deducen la responsabilidad incondicional de los sujetos individuales”, pero serán los primeros en apurarse a aplicar el peso de la ley sobre esos sujetos presuntamente libres cada vez que su actuar se desvíe de las formas de actuar prestablecidas.

En las formas de la educación, esa libertad idealista se manifiesta en la exageración de la autoayuda, de la inteligencia emocional y sus derivados y de cualquier propuesta que se enfoque en la dimensión individual, psicológica, y que entienda que cada sujeto será lo que su “voluntad de espíritu” determine que deba ser, más allá de su condición material, de su punto de partida. Olvida establecer una nota al pie, ante tanta promesa de libertad irreal, que aclare que el sujeto es sujeto en su relación con los otros y que son esas relaciones las que determinan su ser y que serán a su vez ellas mismas las que limiten su libertad en relación dialéctica con las formas de necesidad que en ella se instalen.

Estamos por otro lado los que pensamos que la libertad es objetiva y que se define de forma particular y propia para cada espacio social en donde se construyen las  relaciones materiales que la determinan. Desde esta perspectiva, no hay posibilidad de definir de forma fáctica la libertad, ya que sus formas responden a la dinámica de lo real.

Siguiendo con las ideas de Adorno, lo explicaremos de la siguiente manera. Existe una realidad que se construye a partir de las relaciones de los sujetos, sujetos sociales. Esa realidad define formas históricas que serán la representación de una segunda realidad, una segunda naturaleza que se manifiesta bajo las formas de la cultura, de lo culturalmente establecido. Esa cultura naturaliza relaciones sociales que mantienen a los sujetos en una especie de hechizo. Desnaturalizar esa segunda naturaleza para acceder a la comprensión de la realidad objetiva, de la naturaleza real, y pensarse agentes de transformación sobre ella, será la condición determinante para acceder a la libertad. Estamos hablando, en palabras del autor, de superar el hechizo.

Desde una mirada educativa estas formas de la libertad, las que deben su génesis a la tesis de un sujeto social y socialmente construido entienden, en contrapropuesta con la libertad idealista, que el sujeto es, en tanto es materialmente y que su espíritu es el reflejo de su condición material. Es decir que existe, entonces, un giro ontológico.

En esa línea, creemos que no alcanza con golpear la espalda a los estudiantes y decirles que ellos serán lo que quieran ser, porque nos quedaremos siempre con el ejemplo de aquel que llegó a universitario trabajando y estudiando a la vez. Y será siempre un caso en mil.

Entendemos imperativa la construcción de una libertad colectiva y la entendemos superando el hechizo, desnaturalizando lo culturalmente establecido. La superación de las formas de ese hechizo es el punto de partida necesario para transformar el mundo, porque no pueden ser parte de esa transformación aquellos que no comprenden la naturaleza objetiva de los fenómenos sociales.

Entendemos también que de la libertad que piensa al sujeto colectivo deviene la comprensión de los puntos de partida del sujeto como individualidad, en relación dialéctica. Todos partimos de condiciones materiales diferentes y, aunque nos propongamos hacer las mismas cosas, esas condiciones serán determinantes.

Nuestro faro utópico como educadores es pensar en la construcción de una idea de libertad que se ocupe, de una vez por todas, de nivelar esos puntos de partida, aquellos que serán realmente determinantes al momento de que nuestros estudiantes decidan realmente lo qué quieren ser.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

 *) FAO

En mayo de 2020 Uruguay será sede de un simposio del que participarán expertos nacionales e internacionales y de un curso de actualización para profesionales del área. Ambas actividades serán organizadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y Cooperativas Agrarias Federadas (CAF), con el apoyo de la Fundación de Facultad de Agronomía (Udelar).

El Simposio se realizará con el objetivo de fortalecer las capacidades de las organizaciones del sector público, privado y de la sociedad civil, en diseño e implementación de políticas, estrategias, marcos regulatorios y planes de inversión nacionales que apoyen el desarrollo inclusivo y sostenible del sistema productivo basado en campo natural. Contará con la participación de expertos nacionales e internacionales.

En tanto, el curso de actualización pondrá foco en la evaluación del estado de conservación del Campo Natural y se dictará de forma presencial en marzo del año 2020. Estará destinado a estudiantes de grado, profesionales y técnicos vinculados al sector.

En contexto

Desde inicios de 2019, CAF y la FAO trabajan conjuntamente en la ejecución del proyecto “Evaluación participativa de la degradación de la tierra y la gestión sostenible del sistema de pastizal”, del que también participan otras instituciones: Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Comisión Nacional de Fomento Rural, Facultad de Agronomía de la Udelar, Asociación Uruguaya de Ganaderos del Pastizal, Alianza del Pastizal e Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura.

La iniciativa fomenta el intercambio entre la academia, los productores y los técnicos en un tema estratégico para el país.

El objetivo final del proyecto es generar un protocolo que permita evaluar la degradación de pastizales y/o identificar las situaciones de manejo sostenible en Uruguay de manera de tomar decisiones informadas que lo promuevan y sensibilizar al resto de la sociedad.

 

*) La FAO es la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y es la agencia especializada que lidera el esfuerzo internacional para poner fin al hambre. Su objetivo es lograr la seguridad alimentaria para todos y al mismo tiempo garantizar el acceso regular a alimentos suficientes y de buena calidad para llevar una vida activa y sana.

Con más de 194 Estados miembros, la FAO trabaja en más de 130 países. Todos podemos desempeñar un papel importante en la erradicación del hambre y la malnutrición.

En Uruguay, nos enfocamos en apoyar el cumplimiento del Derecho a la Alimentación Adecuada; avanzar hacia un sistema alimentario sostenible; acompañar la intensificación de la producción agropecuaria, reduciendo la brecha entre sectores urbano y rural y preservando los recursos naturales.

Por más información: http://www.fao.org/uruguay

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

“Noche de paz, noche de amor”. Logramos que siempre sea así?

Llega la navidad y las ciudades se iluminan con luces navideñas, música o villancicos que se escuchan en cada rincón y se respira un ambiente de felicidad. Además, centenares de personas llenan las calles cargados con bolsas de comida y regalos para las fechas.

Todo esto se da ya que se suele relacionar la Navidad con la alegría, las compras, salir a la calle, comidas de navidad entre amigos, pasar tiempo en familia… Pero mucha gente (más de la que pensamos) se siente obligada a sentir esta felicidad, provocando malestar, presión, obligación o incremento del estrés y depresión en Navidad.

La llaman depresión navideña o depresión blanca. No aparece en ningún manual de clasificación de enfermedades mentales. Pero existe: un síndrome caracterizado por un estado de ánimo melancólico que aparece en las fiestas navideñas. Sus síntomas se parecen mucho a los de la depresión verdadera.

Una de las causas más frecuentes es el duelo por un ser querido. Y es que estas fiestas suelen ser las ocasiones en las que más se notan las ausencias de las personas que han muerto. Esta sensación es especialmente fuerte el primer año, es decir, durante las primeras fiestas en que la persona no está.

En ocasiones, la abrupta, inesperada e inevitable presencia de inconsolables despedidas.

Abrazos ausentes, mezcla de angustia y amor… angustia que no sé por qué se agudiza cuando se mezcla con el amor; o al revés, no sé por qué el amor es más amor cuando se confunde con la angustia… esa sensación de carencia infinita, esa melancolía de un pozo que no se puede llenar nunca.

El papá o mamá ausente, el hermano, los abuelos… ese amor que ya no está, pero sí, muchas veces, ese amor en la singularidad de su olor, en la mezcla de los supuestos olores naturales con la artificialidad aromática de un jabón, un perfume que queda prendido en la solapa de alguna ropa… ausencias de alguna forma aún presentes.

Personas queridas que se han distanciado, a causa de peleas, separaciones o porque viven lejos. En estos casos, a la ausencia se añaden sensaciones como la culpa y la soledad ante lo que podría estar ocurriendo y sin embargo no sucede.

También la añoranza es uno de los motivos recurrentes de la depresión navideña. “Pensamos que las Navidades del pasado eran felices, porque teníamos niños, o porque teníamos otras características”. Está claro que, muy a menudo, la memoria selectiva lleva a idealizar el pasado y a tener la sensación de que antes todo era maravilloso, cuando en realidad no es así.

Ese caprichoso comportamiento de los recuerdos también puede contribuir a sentirse mal en la época de Navidad.

La llegada del fin de año, por otra parte, promueve que mucha gente haga un balance del año. A menudo el saldo no es positivo, debido a los proyectos no concretados, las pérdidas sufridas u otros elementos negativos.

Muchas personas que atraviesan una situación económica difícil se sienten mal por no poder comprar esas cosas que “debemos” supuestamente comprar. El mandato social, la "obligación" de que en estas fechas “debemos” ser felices.

Los medios y las redes sociales ayudan a crear la sensación de que, en efecto, "todo el mundo" es feliz. Como contrapartida, lo que muchos sienten es: "Todo el mundo es feliz, menos yo", lo cual agudiza su malestar.

Muchas son las personas que no disfrutan de estas fiestas por diversos motivos, y son más que fiestas, generadoras de angustias.

QUERIDO AMIGO:

No te veas obligado a celebrar algo que no quieras o sientas sencillamente “porque hay que hacerlo”; no te adaptes a la fiesta ni a la manera de vivirla… adapta la fiesta a tus sentimientos y posibilidades.

Si sientes la falta de alguien, de un familiar, amigo querido, aprovecha estas fechas para recordarlo de la mejor manera y hazlo a modo “homenaje”.

Si estás pasando por un mal momento, pon esa angustia en palabras… quizás algún amigo o familiar pueda ayudarte más de lo que piensas.

Fundamentalmente, trata de no pasar solo.

TE DESEO UNA FELIZ NAVIDAD!!!…a tu manera.

 

*) Doctorando en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

Secretario General de la Sección Suicidio y Autolesiones de la World Federation for Mental Heald (WFMH).

*) Prof. José Luis Corbo

“Entre lo que puede ser de otra manera está el objeto producido y la acción que lo produce. La producción (poiesis) es distinta de la acción (praxis)…; de modo que también el modo de ser racional práctico es distinto del modo de ser racional productivo” (Aristóteles).

Hace bastante más de dos siglos, en el apartado 4 del libro VI de su célebre “Ética a Nicómaco”, analizando la cuestión del arte, Aristóteles plantea la necesidad de establecer una distinción entre las diversas prácticas de los hombres.

Su preocupación no era precisamente estética, sino que se vinculaba al fin de la práctica misma, a la intención con la que necesariamente la acción moral (praxis), debería distanciarse de la acción productiva (poiesis). Esta última, tendría entonces fines estrictamente productivos y un sentido claro y preciso: la modificación de un determinado objeto material para la respectiva producción del objeto artístico.

En la segunda mitad del siglo XX, el genio de Althusser, tomando como punto de partida las ideas de Aristóteles, establece la siguiente distinción. La praxis es la acción de sujetos sobre sujetos, con la intención de transformar y de transformarse. Implica entonces un sentido moral, un fin transformador y una transformación que se sucede en ambos sentidos. El sujeto que transforma es a su vez transformado.

La poiesis es estrictamente producción y es definida entonces como la acción de los sujetos sobre los objetos para transformarlos. Sus sentidos son la producción misma y el sujeto que es sujeto de producción no será sujeto de transformación. Es decir que la poiesis podría repetirse indefinidamente siempre que el fin se justifique, es decir, mientras la producción sea necesaria. Sus formas son estáticas e inalterables en la medida en que los requerimientos productivos así lo determinen.

Específicamente en relación con la educación, podríamos decir que no hay duda de que es una práctica y que, por tanto y en función de sus fines, podrá devenir en praxis o en poiesis. Si, por un lado, la educación se piensa como acción que pretende transformar a los sujetos y aquel que educa se entiende a su vez transformado en su propia acción, podríamos decir que hablamos de praxis.

La praxis educativa es una acción que es a su vez abstracción de un universo concreto de acciones, es praxis abstracta que encuentra sentido en su relación dialéctica con la praxis concreta, con las relaciones transformadoras que se darán más allá del espacio propiamente educativo. La educación como praxis será, entonces, una práctica transformadora capaz de transformar el mundo porque su movimiento en su vínculo dialéctico con ese mundo es inagotable. Su movimiento se construye sobre la base de la justicia social inmanente.

Por otro lado, la educación podría alejarse de la praxis y acercarse entonces a la producción. Tal sus formas tradicionales en los procesos de expansión de los modelos capitalistas. La poiesis localiza su fin en la “producción del sujeto productivo” y no supera jamás sus sentidos productivos. El sujeto decanta en objeto, se cosifica, y la acción se valida como producción.

La educación como poiesis será, entonces, una práctica reproductivista que, en tanto reproducción, se sostiene sobre las formas del progresismo lineal, el que reconoce lo universal del progreso olvidando lo particular de los sujetos redimidos en el sentido benjaminiano. Se olvida de los olvidados de la historia. Todo progresismo que olvida los olvidados, esconde en sus sentidos la injusticia que sostiene las relaciones materiales de dominio y poder.

Los modelos educativos neoliberales nos proponen la distinción aristotélica en su máxima expresión. Construyen una nueva poiesis, aquella que produce sujetos/objetos útiles para el mercado con una lógica reguladora que no será otra que el movimiento y las necesidades de ese mercado. El sujeto es, en esa dinámica, objeto de manipulación y mercancía que se vende a la necesidad del progreso que sigue avanzando con los mismos y olvidando a tantos otros.

La cosificación del sujeto es la quintaesencia del modelo educativo neoliberal. La reproducción de la desigualdad su leitmotiv. El sujeto, definitivamente sujetado, se transforma en un engranaje de una gran maquinaria que lo usa y abusa a destajo. Los discursos reformadores esconden sentidos políticos subyacentes. Solamente una educación que es praxis y que es para la praxis, se ocupa de desentrañar esos sentidos.

En más de un ocasión los docentes hemos sido parte de reformas educativas. Se puede ser parte de algo sin oponer resistencia o se puede ser parte de la resistencia siendo parte de algo. Se resiste desde adentro y se cambia desde adentro, pero hay que estar dispuesto a resistir. Porque el ataque… agobia y agota por más débil que sea.

No olvidemos que la cosificación del sujeto que aprende va de la mano de la cosificación del sujeto que enseña. Tal vez Aristóteles agregaría una categoría hoy superadora de la poiesis, una nueva práctica ejercida por un sujeto/objeto, sobre otros sujetos/objetos, con sentidos productivos y, estrictamente reproductivista. Está claro que no queremos que eso suceda.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

“Ahora comienzan las notas dolientes a hacérseme sentir; ahora he llegado adonde es mucho el llanto que me hiere” (Canto quinto: La Divina Comedia - Dante).

*) Prof. José Luis Corbo

“La paz se construye en la construcción incesante de la justicia social. Por eso no creo en ningún esfuerzo, por más que se auto titule educación para la paz que, en lugar de revelar las injusticias del mundo, las torne opacas e intente miopizar a sus víctimas” (P. Freire)

Hace tiempo, recorriendo viejo libros que había desechado, tuve la suerte de rencontrarme con un texto de Paulo Freire que decía algo como esto: “hemos leído a Marx, a Gramsci, a Lukács, a Marcuse y a Erich Fromm, ahora sólo se trata de actuar”.

Me he dado cuenta entonces que por algún motivo no todo se registra en el libro de la vida y que por otros tantos motivos, no todo se almacena en la memoria. El riesgo del borrar es inevitable.

Ese texto al que refiero, el cual yo no recordaba o creo al menos no recordar, me enfrentó con varias nuevas opciones para entender las mismas y viejas cosas. Esto de ir inevitablemente creciendo, poniéndose grande, incursionando en lecturas diferentes y, por qué no, más profundas y complejas, nos pone cada vez más oscuros y nos aleja sensiblemente de la realidad.

Entonces nos olvidamos de aquello que en algún momento nos aclaró lo que no entendíamos, aquello que nos enseñó a leer el mundo, e intentamos sumergirnos en teorías inaccesibles porque, de alguna manera, entendemos que la verdad la revelan los intelectuales.

Paulo Freire no era sólo un intelectual, era más que eso. Su texto era accesible a todos, tal vez por eso su valor agregado. Este texto revisitado me trajo a la cabeza unas cuantas ideas y me obligó a seguir buscando, a recurrir inclusive a Henry Giroux y a Peter McLaren, dos de los últimos referentes empeñados en replicar su voz y tal vez de los pocos pensadores vivos que intentan mantener viva su esencia.

Mi primer llamado de atención son sus referentes teóricos, los mismos que ahora me ayuden a construir mi discurso y los que yo mismo asumía más profundos que el propio Freire.

Lo segundo es entender definitivamente que este señor no improvisaba, que su construcción filosófica y las formas de un discurso en extremo profundo y a su vez accesible, hacían de este increíble educador una figura muy especial. Entendí entonces que Freire era el único exponente de su época capaz de poner en práctica las ideas revolucionarias de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt.

Por algún motivo, él entendió que era necesario una revolución, pero que la revolución no es únicamente la guerra y que hay una puerta abierta para revoluciones que nacen de la cultura pero que necesariamente deben proponerse llegar a la estructura, a la realidad objetiva. Freire entendió que la revolución se puede hacer en la educación y que se puede cambiar el mundo, pero que el cambio pierde sentido si no se piensa para cambiar las relaciones materiales.

Su discurso era para los más desprotegidos y su educación se pensaba para la praxis. Freire no sólo pensaba la praxis, la construía. Transformaba y se transformaba de forma permanente con una lógica diferente de la que tuvieron los primeros revolucionarios: simplemente educando.

Freire entendió de alguna manera que es posible encender la llama revolucionaria enfrentando las formas culturales y reconstruyendo las formas educativas. Ése era su discurso, el necesario para comprender el mundo y para transformarlo, y así lo entendieron también los campesinos brasileños. Freire era el discurso de los que no podían hablar y los brazos de los que no tenían fuerza para emprender una revolución armada.

Freire era la escuela de Frankfurt en acción, el movimiento de los grandes genios judíos-alemanes de escritorio.

Y su práctica comenzó con toda la fuerza y empezó a generar transformaciones reales hasta el momento en que, como siempre y por desestabilizar a los que tienen los privilegios, fue apresado.

Él supo mostrarnos que hay esperanza más allá de la violencia, la misma violencia que hoy nos plantean como solución a nuestros problemas. Él nos dejó claro que el mundo en que vivimos no es el mejor de los mundos posibles, como quiso hacernos creer Leibniz. Él nos demostró que el mundo está para ser transformado y que las formas de injusticia social con las que convivimos necesariamente deben ser repensadas.

Freire no sólo lo tenía bien claro sino que ya se había leído todos los libros, con tal lucidez que fue capaz de llevarlos a la praxis. Solamente una mente brillante cargada de un anhelo de justicia, como él, fue capaz de plantear esto.

Parece inevitable volver a leer a Freire en, tal vez, el peor de los embates neoliberales en la educación. Recuperarlo es recuperar las ganas de educar, es volver a sentirnos agentes de cambio. Es negarnos a transformarnos en meros aplicadores de…, para sentirnos, de una vez por todas, y como su buen discípulo lo dijo, verdaderos intelectuales transformadores.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.