*) Prof. José Luis Corbo

“La televisión, que pretende ser un instrumento que refleja la realidad, acaba convirtiéndose en un instrumento que crea una realidad” Bourdieu, P. 1996.

La tristeza y la desesperanza que vivimos hoy es social. Su construcción es colectiva. No deberíamos dudar de esto. Las formas de una incertidumbre triste se construyen en el colectivo, se promocionan ahí mismo, y adoptan sus rasgos más perversos cuando se transfiere su desarrollo al interior de los sujetos, al plano intrasubjetivo. Es una de esas enfermedades sociales que no entendemos de qué forma silenciosa se propaga, pero sabemos que sus daños son irreparables.

“La radio me dice que está todo mal. La violencia aumenta en las calles. Los crímenes son cada vez más y la fuerza de las drogas es tal, que te matan por dos pesos. La policía no alcanza, las penas son blandas y la culpa es de los otros, de los que no entienden que la única forma de detener la violencia es con más violencia. Eso dice la radio... o es lo que creo entender”.

También parece estar claro que vivimos en un mundo que no es todo construido por nosotros. Hablamos, inclusive, muchas veces con las voces de los otros, de los que tienen el poder para construirnos el mundo. Repetimos lo que oímos, y la voz del pueblo, la que habla, está tan teñida de matices que no distinguimos ficción de realidad.

“El diario me dice que está todo mal. Ni siquiera respeta las lágrimas de sangre de Brasil, porque parece que los brasileños tienen lo que se merecen por haber optado otrora por una supuesta izquierda corrupta que no entiendo por qué, si es izquierda, está tan alejada de las ideas utópicas que nos enamoraron”.

Parece difícil, bajo formas de dominio tan sutiles y perfectas, intentar convencer a alguien de que hay formas posibles de pensar en todos ante el inobjetable discurso del sálvese quien pueda. El “ser humano” tiene el poder de ganarle a “la humanidad”, porque los discursos parecen decir que no hay forma de que exista esperanza para ningún tipo de justicia social. Nos hacen creer que la pobreza es necesaria porque siempre existió, y porque el mundo funcionó con pobres y con ricos a la vez, y parece que convivían sin problemas.

“Veo en la televisión que está todo mal. Los inmigrantes llegan al norte a sacarle el trabajo a los norteamericanos. Las medidas de fuerza aumentan para que esto no suceda. Me lo cuentan las señales internacionales. Temo que pase lo mismo acá, vienen de otros lados y trabajan por miserias. La gente se subleva ante la amabilidad a los inmigrantes porque, según dicen, los tratan mejor que a nosotros”.

La xenofobia parece promocionarse sin necesidad de invertir ni energías ni dinero.

La manipulación es tal que parece imposible, sin una educación realmente liberadora, sin un desarrollo crítico de los sujetos, que cada uno logre construir su propia idea del mundo, o por lo menos comprenderlo. Muchos menos ser parte de la transformación.

El desafío aumenta cada día porque las formas de la manipulación también lo hacen, y sólo queda resistir. Porque lo otro es sumarse a la desesperanza que, tal como aparece hoy, no es más que la tristeza disfrazada de compañera.

Enfrentarse críticamente al mundo que construimos y que nos construyen implica, en cierta forma, un enfrentamiento con uno mismo. Una especie de debate entre el “yo construido” y el “yo emancipado”. Supone también comprender las formas de la manipulación más allá de la simple práctica de manipular. Un acceso a otra perspectiva del mundo en que vivimos y del espacio social que compartimos.

Ese acceso implicará, a su vez, una reformulación de los sentidos adjudicados a todas nuestras prácticas. Para el caso de nosotros, los docentes, una perspectiva nueva y necesaria que supondrá, entre otras cosas, habilitar a los sujetos a la construcción y reconstrucción de su propio mundo, liberar su capacidad infinita de operar como agentes de cambio en la búsqueda de formas nuevas y diferentes de algún tipo de justicia social.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Daniel Pelenur MBA

Hace poco tenía consulta médica, en el horario exacto me llaman, ni un minuto antes ni un minuto después; ante mi asombro importante, y estado de bienestar/felicidad que me produjo esto, entro al consultorio (no conocía al médico); lo primero que le digo es: ¡¡¡Felicitaciones!!!  El facultativo (Ella) -no me banco el lenguaje inclusivo, con respeto, espero no ofender a muchos- me mira sorprendido y me pregunta el porqué de la felicitación, le explico y sonríe…. y me dice “en general cuando llamo a los pacientes no están”.

La probabilidad compuesta (es la probabilidad de que se den simultáneamente dos sucesos) para lo que pasó con la consulta médica es realmente baja, en general los pacientes estamos más o menos a la uruguaya en hora, el tema de los facultativos es mucho más crónico e inestable.

Aplicando este concepto a nuestra idiosincrasia, a nuestra forma de ser, nuestra cultura, estamos bastante lejos de ser un país que atienda en tiempo y forma, la interesante y explosiva combinación del factor humano en todas las decisiones y eventos que nos pegan a diario hace que ya estemos “curtidos” de la no atención en hora de cualquier cosa.

Traduzco atención en hora a todo lo que me debe brindar el Estado a través del Gobierno de turno, y la contrapartida de nosotros, los ciudadanos comunes de hacer las cosas de la mejor manera, tratar de brindar el mayor esfuerzo en que el sistema funcione.

El sistema funciona bastante mal en el territorio Oriental, nos hemos prácticamente olvidado del término “derechos y obligaciones” y esto es para todos, población y gobierno.

Uds. ya saben todo lo que nos pasa, no quiero aburrirlos en repetir nuestros males y sombras que están en el horizonte de la economía, la sociedad, nuestra cultura, y lo que si me altera es no ver algún indicio de que se vaya a “hacer algo”.

Estamos tan metidos en la diaria y en como llegar con mi empresa al mes siguiente, y poder cobrar mis créditos, pagar al personal y proveedores, pagar el crédito bancario que obtuve por un bajo flujo de caja, y hasta poder pagar mis impuestos mensuales, que no salgo de este círculo vicioso de incertidumbre y poca estabilidad, económica y emocional.

Al Estado le pasa lo mismo, hay que mantener el gasto, saquemos dinero de donde sea para mantener el estatus quo reinante; me olvido de lo que es, gobernabilidad, innovación, inversión, trabajar para todos, pensar en cinco a diez años para adelante…. Y tantas cosas más que quiere el ciudadano común (¿seguridad, educación, salud?).

Escucho y leo cosas que tienen que ver con sucesos que están condicionados a darse simultáneamente, acá en actos de mal manejo de los dineros públicos, ineficiencia marcada para gestionar empresas del Estado, cierta corrupción y estructuras enormes ineficientes y con una marcada burocracia y lentitud en toma de decisiones;  acá si tenemos probabilidad compuesta que se da, y es alta; están todos alineados en algo que llamo decadencia y pensamiento especifico de uno solo para su “uno mismo”, me quiero salvar yo, deseo seguir dependiendo de la teta del Estado, mi preocupación es solo mi entorno.

Pero somos tres millones quinientos casi, que necesitamos que el paciente se presente en hora y el facultativo lo atienda en tiempo y forma.

*) Master en Administración de Empresas (New York University). Ocupó cargos gerenciales de primer nivel en áreas administrativas financieras en importantes empresas en Montevideo y Buenos Aires. Docente Universitario. Desde el 2008 hace consultoría y capacitación en empresas familiares en áreas de Administración, Contabilidad, Finanzas y Organización. Cel. 099 141 417 - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

Muchos hombres viven absortos en sus empresas exteriores o en la superficialidad de una vida de masa que se muestra poco inclinada a la reflexión. Solamente entran dentro de sí en el choque con la realidad, es decir, en la experiencia de la frustración, del fracaso o la derrota.

El infortunio, un accidente de tráfico, la muerte de los padres, de la esposa o de un hijo… nos arrancan cruelmente de la dispersión para ponernos frente al problema del significado fundamental de la propia existencia. “Me convertí para mí mismo en un grave problema”, afirma Agustín, refiriéndose al trauma sufrido con ocasión de la muerte de un amigo.

El fracaso de nuestros propios proyectos, la fatiga y la dureza del trabajo, el cansancio de vivir, la impotencia de alcanzar una paz estable, la soledad, el abandono de tantos amigos…, en una palabra, el contraste entre lo que uno es y lo que le gustaría o debería ser para ser plenamente hombre, son otras tantas experiencias que nos invitan a reflexionar.

Muchos intentan un planteamiento de la vida en conformidad con una filosofía o una visión del mundo y del hombre, sin tener en cuenta las dimensiones profundas y personales del mismo. Este vive alienado, como número en medio de una gran masa interpersonal, que lo seduce con crueldad sin tener en cuenta sus problemas personales. O bien corre detrás de valores engañosos, orquestados por una pérfida publicidad, olvidándose de los verdaderos problemas.

Y sucede que todo este conjunto llega en el momento en que no sólo no ofrece ninguna satisfacción, sino que se hunde dejando aparecer el vacío y la nada. Correr diariamente tras una fantasía rutinaria, en modo automático…; de pronto todo se derrumba, se revela en toda su crudeza el absurdo y el vacío de semejante existencia.

Este fenómeno de experiencia del vacío y de la nada frente a una civilización dominada únicamente por la técnica y por el funcionalismo lo atestiguan otros pensadores como A. Schaff y E. Bloch. El hombre no vive solamente de economía, de política, de tensiones sociales. La experiencia del vacío y de la nada no es más que un modo negativo de repulsa de una civilización que debería servir al hombre, pero que lo ahoga en sus aspiraciones más profundas y más personales.

El mismo sentido de la existencia y la posibilidad de realizar una auténtica libertad parecen depender en amplia medida de los demás. La frustración de estas relaciones parece conducir por tanto casi inevitablemente a suscitar el problema del ser y del significado del hombre.

Es necesario transitar la vida, siendo conscientes que existen puntos inconciliables con los que no vamos a poder.

RECUERDE: EL Suicidio es una causa de muerte EVITABLE.

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

“Sería en verdad una actitud ingenua, esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica.” Paulo Freire

En la medida en que la educación deja de ser tema de la academia y circula como objeto de análisis en los diversos espacios de encuentros de sujetos, surgen y se reconstruyen las mismas charlas y los mismos debates. Muchos de esos debates ofrecen perspectivas claras.

Tal vez la más común es la que se alinea a la voz del pueblo y al discurso coloquial internalizado. Otras no parecen tan claras y se asocian, en la mayoría de los casos, a las formas de la educación. Generalmente, este tipo de análisis desconoce que el debate debe ir más allá e interpelar supuestos subyacentes, y que las reformas también deberán apuntar a lo profundo de la lógica del aparato educativo.

Es preciso aclarar que el cambio profundo en la educación, el que parte de sus estructuras político-ideológicos y de una idea de construcción sobre el proyecto social para el cual se educa, supondrá muchas veces un cambio en las formas, en las prácticas de enseñanza, en la planificación, metodología y evaluación pero que, más allá de que ese cambio es necesario, es deseable que necesariamente sea antecedido del análisis y la reconstrucción de los fondos.

En dicho sentido, la escuela moderna se caracterizó por un proyecto social reproductivista. La escuela siempre fue y continúa siendo un espacio de circulación de saberes necesarios para la interacción de los sujetos en la cultura a la que pertenecen. Un proyecto pensado exclusivamente para la reproducción de esos objetos culturales entenderá la escuela como un espacio de enseñanza en el cual los docentes deberán trasmitir ciertas formas culturales, sin la posibilidad de habilitar a los sujetos a la reconstrucción cultural. La analogía del maestro como la jarra con agua y los alumnos como vasos vacíos.

La reproducción de la cultura hegemónica fue, durante muchos años, el fin en si mismo de la escuela. En sociedades con estructuras de clase complejas, el aparato ideológico, como parte de una superestructura, funcionaba al servicio de la reproducción intentando, bajo estrategias metodológicas modélicas y transferibles, que todo se mantuviera tal cual estaba.

La escuela moderna nunca intentó resolver el problema de las diferencias de clase, porque su fondo ideológico no era ese. Tampoco se cuestionaba, porque la escuela, y por tanto la educación formal, siempre estuvo en manos de ellos, de los que se favorecieron históricamente de que todo siguiera tal cual estaba, aquellos que de forma solapada eran protegidos por un sistema político construido por ellos mismos y a su servicio.

Es desterrado de esta manera el concepto del hombre “bien educado” como aquel que acumula conocimientos validados culturalmente, ya que los conceptos que manejan estos sujetos están claramente recortados por la clase dominante. Su cabeza construye un mundo que es el que le construyó un grupo de poder encargado de recortar con su propia tijera aquello que deberán saber tanto como aquello que no deberán saber.

Las formas de la educación cambian con el discurso de la teoría crítica de la enseñanza. El sujeto crítico no es aquel que maneja gran cantidad de conocimiento, aquel que es un producto de la reproducción cultural, sino aquel que ha sido habilitado mediante prácticas realmente liberadoras, a la reconstrucción de esas formas de la cultura hegemónica.

Ser crítico implica un posicionamiento político ideológico sobre un objeto de enseñanza validado socialmente, que posicione a los sujetos en un determinado lugar del espacio social con las herramientas suficientes para la transformación.

Los discursos sobre la criticidad se confunden a diario. No es crítico aquel que cuestiona o interroga como estudiante, sino aquel que tiene la posibilidad de ubicar lo que aprende en un determinado momento sociohistórico, y comprender las formas en que ese objeto se ha construido en su propia cultura, social y políticamente, y las formas en que será posible participar como sujeto activo, desde su potencial reconstructor.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Lic. en Psicología Adriana Savio Corvino

Si existe un denominador que podríamos llamar “común”, al túnel oscuro y siniestro que significa para el adicto, atravesar su proceso por el calvario de la sustancia, es “necesitar aquello que lo daña” más que aquello que lo sanará y liberará definitivamente de su calvario. Ojalá, nunca necesites como el aire para respirar, aquello que tal cual veneno al cuerpo, terminará exterminándote.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

En uno de sus fragmentos, el filósofo alemán Friedrich Schlegel (1772 -1829) reflexiona sobre el suicidio:

Por lo general, el suicidio es solamente un suceso, raramente una acción. Si es lo primero, su autor habrá obrado siempre mal, como un niño que se quiere emancipar. Sin embargo, si es una acción, ya no cabe hablar de derecho sino únicamente de conveniencia, pues solo a ésta se halla sujeto el arbitrio, que debe determinar todo lo que no pueden determinar las leyes puras, como el aquí y el ahora; y que puede determinar todo lo que no destruya el arbitrio de los demás, destruyéndose, con ello, a sí mismo.

El suicidio se representa como el acto más radical porque se comete aparentemente contra la necesidad, es decir, contra nuestras determinaciones naturales. También se hace contra el destino, que, si bien nos tiene deparada una muerte, también nos impone la obligación de seguir viviendo.

De modo tal que el suicida es uno que se coloca en el lugar del destino para realizarlo por su propia mano, de tal modo que es al mismo tiempo un rebelde y un desesperado.

Hegel menciona que el hombre es “la muerte que una vida humana vive”.

Camus todavía hablaba del suicidio con un acento, digamos, romántico. Querer acercar la muerte voluntaria a un asunto filosófico es desdibujar el problema, borrar su fondo. El suicidio no puede pertenecer nunca a la filosofía ni a la literatura, aunque en ambas ha sido y es un asunto crucial.

En el acto voluntario de morir intervienen demasiados factores, a veces azarosos. El suicidio está latente en un rincón de nuestra mente, pero también de nuestra cultura. Si nos “asusta” es porque, de algún modo, contraviene el orden, tanto biológico como cronológico.

Según nuestra mentalidad, la muerte tiene sentido cuando ya ha consumado un proceso, una vida, un camino. Si nos turba la muerte de una persona joven es precisamente porque en ella se cumple esta violación del tiempo. En el rechazo del suicido, en la perplejidad que se siente ante él, se encierran muchas cosas.

Aristóteles abrió una tradición que todavía prevalece: consideraba a quien se daba muerte como un desertor de la sociedad, ya que, según su discurso, el individuo pertenece a la comunidad que le ha ayudado a educarse e integrarse.

Ante la empresa encomendada al ser humano, imposible de cumplir, surge la angustia. Esta empresa, sin duda colosal, consiste, para el creyente, en tener que responder a las expectativas de Dios depositadas en él, o bien, en los siglos últimos, de carácter laico, a lo que espera la sociedad de cada uno de nosotros; una sociedad, recordémoslo, implacable y a menudo impía, en la que el mercado -es decir, el dinero- ha dinamitado toda posibilidad de entendimiento. El avance de la barbarie, la brutalidad, su erosión, son cercos que el individuo de la contemporaneidad ve difíciles de romper.

El suicidio no nos salva, porque afrontarlo, aunque sea desde la legítima y comprensible desesperación, es darle la razón al mundo.

Si la estadística se cumple, hoy, en Uruguay, se quitarán la vida 2 personas y muchas más lo intentarán y según recientes estudios la mayoría habrá pedido ayuda en la última semana y otras hoy mismo. Las personas que hoy se quiten la vida serán muchos más que las mujeres que son asesinadas por violencia de género o las personas que mueren en accidente de tráfico.

Sin embargo, el suicidio, un grave problema social y de salud pública, sigue en el tabú de la calle y en el silencio de muchos. Es necesario “hablar”: hablar alivia; hablar libera. Hablar de suicidio no provoca suicidios, sino que ayuda a las personas a expresar sus emociones en situaciones difíciles. Y contribuye a que el suicidio no sea un tabú. O lo que es lo mismo, “cifras invisibles para la opinión pública”.

Invitar al padeciente a enfrentar la vida y encontrarle un sentido que vaya más allá de la supervivencia… invitarlo a vivir y no a perdurar en el tiempo.

RECUERDA: El Suicidio es una causa de muerte EVITABLE.

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina.

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

“No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es lo más importante” Guevara, E.

Hemos hecho referencia, en otras ocasiones, a esa conducta natural de los sujetos de evaluar de forma permanente. Hemos explicado también, que esa evaluación es la práctica que consiste en someter a un determinado objeto -o un recorte de ese objeto- a la comparación con su referente o “deber ser” y que ese ideal de comparación obedece a una construcción personal de origen social.

Es decir que, en función de una estructura cognitiva interna preelaborada, que responde a ideales construidos socialmente, entre sujetos, pero que goza de formas particulares para cada uno de nosotros, ponemos en marcha esa histórica práctica social que consiste en establecer juicios de valor de forma casi que permanente, sobre todos y, sobre todo.

Estas acciones no nos transforman en jueces supremos ni mucho menos, sobre todo porque la mayoría de los referentes de evaluación a los que responden esas prácticas, como hemos dicho, no son más que el producto de la historia personal del sujeto que desarrolla la práctica y de los rasgos particulares del espacio social al que pertenece.

Es así entonces como, cuando se trata de evaluar un sujeto o una acción de un sujeto, es la historia del sujeto evaluador la que establece referentes de comparación y criterios para evaluar y no la historia del sujeto evaluado la que lo hace, aun cuando ambos pertenezcan al mismo espacio social.

Lo que decimos, en definitiva, es que cada sujeto tiene una determinada forma de juzgar que responde a una determinada forma de ver y de entender el mundo, y que esa forma es el resultado inconsciente de una historia de vida que lo condiciona.

Es ella la responsable de esa práctica que consiste en vivir permanentemente estableciendo juicios de valor que muchas veces, la mayoría, no coinciden siquiera con los del amigo más cercano. En definitiva, nadie es culpable de pensar lo que piensa, aunque estemos en desacuerdo con él. Porque, en definitiva, la que lo piensa es su historia.

Queremos, en este caso, referirnos a una cuestión en particular. Durante muchos años, todas esas formas de entender el mundo, formas que determinan el ser y el hacer de los sujetos, coincidían en determinados criterios que simulaban formas de entendimiento o espacios compartidos de opinión. El que establecía cuáles eran esos puntos de encuentro, era lo que muchos llamaban “sentido común”.

Ese famoso sentido común, al momento de juzgar acciones propias o ajenas, respondía a parámetros éticos, es decir a aspectos teóricos del orden de lo absoluto y vinculados al comportamiento humano, a los parámetros supuestamente objetivados del bien y del mal. E intento acá ir mucho más allá de lo moral, dado su carácter relativo y por tanto variable.

La pérdida del tan mentado sentido común ha transformado las formas humanas de la evaluación en prácticas poco menos que insostenibles, alejadas de las líneas éticas que otrora aportaban lo general y absoluto, a lo particular y propio de los juicios construidos. Hoy parece que lo particular se robó el terreno y no existen parámetros regulatorios que orienten las formas de entender y, por tanto, de juzgar al mundo.

Y en ese recorrido, hemos ido perdiendo lo que alguna vez fue de todos y era por todos incuestionado. Abrimos acá un particular capítulo para los sentidos de la justicia social. Perdimos la capacidad de sorpresa ante las formas más extremas de pobreza, de violencia, de abandono. Caminamos entre la mendicidad sin siquiera espantarnos, y somos tan inertes e inquebrantables que inclusive nos creemos capaces de poder juzgar a los pobres por su pobreza.

Parece que hemos encontrado las formas de elaborar juicios de valor que condenen la pobreza, porque parece también que esta especie de inconsciente colectivo nos envalentona para opinar de todo y sobre todos, sin detenernos jamás, a evaluarnos a nosotros.

Asumimos, finalmente, que las formas político-ideológicas del neoliberalismo, han reestablecido los parámetros éticos y con ello los sentidos de la justicia social, elaborando, en palabras de Chomsky, una estructura de clases marxista, con los valores invertidos. Esos parámetros evaluatorios no solo validan la injusticia social, sino que la justifican, porque los que juzgan, subliminalmente, necesitan de las formas extremas de la pobreza y de la miseria humana para mantenerse, ellos, en el mismo lugar de la lucha de clases.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Lic. en Psicología Adriana Savio Corvino

Es sabido que Uruguay ha sido un país muy castigado en cuanto a sus valores elevados o significativos en proporción a nuestra poca población, con relación a los índices de Depresión y suicidios consumados.

En la actualidad este dato no ha dejado de variar, y volvemos a encontrarnos como el 2°país de toda Latinoamérica con más suicidios consumados por mes y por año, pero también nos hallamos entre los 5 países del mundo, que padece mayor tasa de depresión a nivel mundial.

La pregunta que nos hacemos cotidianamente todos los nativos es: ¿Qué explicaría, esta cierta “predisposición” o tendencia a la comisión de la muerte y al moverse de forma casi diaria, en contacto con la misma, ya sea a través de los intentos de autoeliminación -registrados en poblaciones etarias al 2018 centralizadas en 3ª edad y temprana adolescencia- como los suicidios consumados o el sobrevivir al margen de una depresión incipiente o declarada y cada día más instalada?.

¿Cuántos uruguayos viven hoy, a pesar de identificar correctamente los indicadores de depresión en predisposición a la misma, a la sombra tirana de la angustia y la tristeza sin tomar cartas en el asunto ni solicitar asistencia al respecto?.

Este es un tema que preocupa epidemiológicamente a la salud pública nacional, ya que aparentemente desde lo socio cultural y hasta casi antropológico, parece ser que los uruguayos tendemos a “sostener” el sobrevivir bajo la sombra de la tristeza o depresión prolongada en el tiempo, pensando quizás que no existe otra realidad psíquica posible.

Por otra parte, desde lo clínico esto instala otro problema que es el que el paciente depresivo, es un paciente muy resistente a consultar por dicha parecencia, aunque la identifique y tiende a camuflar, consciente o inconscientemente las causas de su mal, consultando por lo general por cuadros como: nervios viscerales, malestares estomacales sin causas aparentes, ataques de pánico, alteraciones al dormir o problemas y psico somatizaciones en la piel.

Alteraciones que, en el sistema de atención primaria de salud, o sea puerta, deberán ser debidamente identificados buscando también las posibles causales psicológicas y/o psiquiátricas que conecten con cuadros iniciales o avanzados de depresión, con o sin aparición de intentos de autoeliminación o tendencias suicidas, ya sean buscando consumarse conscientemente y expresadas así por el consultante, o a través de “accidentes” o “descuidos” mortales como ser accidentes de tránsito reiterados, etc.

Actualmente según las recientes investigaciones la depresión se conoce como un CONJUNTO de cuadros de orden psicológico que sumados van generando el devenir de la tristeza su cronificación y posteriormente la aparición de futuros diagnósticos depresivos de menor a mayores niveles de compromiso y pronostico del paciente.

Llamativamente en esta fórmula Depresión+Sucidio se suma un coeficiente llamado accidentes de tránsito, siendo los mismos no por casualidad, la 1ª causal de muerte en nuestro país y luego los suicidios. Debemos comprender que la madre de todos estos males, solo se llama de una manera y es la depresión no asistida o intervenida debidamente de forma temprana en la mayoría de los casos que finalizan sus vidas de formas tan tristes y poco dignas.

El suicidio como “opción” letal, emerge como resultado casi “esperable” luego de largo procesos de depresión, y si es éste el caso, se trata, por ende, de muertes totalmente EVITABLES, que siendo intervenidos a tiempo pueden remediar tan terrible desenlace.

Por otra parte, lo que debemos saber es que el deseo del suicida justamente no radica en “matarse” sino principalmente, en “desaparecer de la vida que le ha tocado” o sea “escapar” de la misma.

Pero aquí volvemos a la base depresiva, donde nos encontramos que los afectos y las relaciones con nuestro entorno son lo que nos da significado a nosotros y a nuestras vidas, por lo que uno de los factores protectores por excelencia de la depresión, así como también para los suicidios, es hacerle saber al otro que es importante o significativo en algo para nuestras vidas.

Las personas depresivas pueden evitar llegar a pensar en desenlaces fatales como el suicido, cuando se sienten importantes y con valor en la vida de aquellos que los rodean, o por lo menos de alguien que les demuestre su afecto y empatía.

¿Qué tener en cuenta para ayudar e intervenir sanamente en estos procesos?.

El paciente depresivo es un paciente muy negativista.

No hará fácil el acceso hacia su realidad interior y hacia su dolor.

Cuanto mayor es el nivel del estado deprimido que padece, mayor es el nivel de intolerancia a todo aquello que lo rodea y según él, no funciona como desea que funcione. Será difícil acercarse y empatizar con su realidad y dolor; sin embargo, los “actos” como demostrar que uno está acompañando o a su lado para cuando él lo desee puede ser de gran ayuda.

Por otra parte, la soledad que este tipo de paciente reclama, no es sana, y debe ser acompañada de alguna forma posible. El dicho “la soledad es una mala consejera” aquí se aplica con exactitud, ya que la soledad deshumaniza la vivencia cotidiana y mental del sujeto sufriente y muchas veces termina “respondiendo” lo que el mismo desea escuchar.

En este sentido como uruguayos también debemos hacer un gran esfuerzo ya que somos muy de “no meternos” en la vida ajena; sin embargo, la no acción o el no acercamiento humanizado en estos casos puede ser un detonante clave para desatar hasta las peores conductas suicidas basadas en la desolación y en sentirse fehacientemente “por fuera” o al “margen” del resto.

Algunas Recomendaciones Útiles y Practicas al respecto:

A los pacientes en sí, o a aquellos que sienten deberían consultar, promover que se acerquen a los sistemas de salud a consultas de médico general que derive en caso de ser necesario; que se nucleen a pesar de la dificultad interior que sientan y que no se queden solos.

A los familiares de pacientes o potenciales pacientes, que se asesoren al respecto de cómo hablar y tomar contacto con su ser querido y nunca interpreten la “barrera” de intolerancia como una necesidad de “soledad” sana; todo lo contrario, respetando al paciente, buscar seguir acercándose y aproximarlo a grupos de apoyo o trabajo para salir adelante.

Actualmente el nombre científico que se le otorga a la depresión es "Cáncer del Alma" justamente por ello, porque data de una parecencia que al igual que la reacción química del ácido sobre los objetos, no tiene límite de acción una vez iniciado el proceso de interacción con el paciente.

Puede comenzar como una simple “tristeza” pero complejizarse a puntos que rocen la comisión suicida o el perdurar en la depresión, sin permitir asistencia y en si permanecer en el tiempo flotando y aparentando estar vivo por fuera, y sin embargo por dentro estar muerto emocional y psíquicamente.

Somos dignos y tenemos derechos, y uno de nuestros derechos humanos es el derecho a ser felices, la felicidad no puede ser un horizonte lejano a pesar de todas las dificultades, debe comenzar a ser el estímulo acompañante en todos nuestros momentos de la vida, y nunca más transformarse en el “objetivo” a un tan largo plazo que terminamos deprimiéndonos si no lo alcanzamos.

Bajar los niveles de depresión y suicidio a nivel nacional es un problema social, y por ende es un problema de todos, no únicamente de quienes lo sufren.

Cada 3 días se suicida 1 uruguayo, y esta pérdida no es de la familia directa, es una pérdida que sufrimos todos y cada uno de nosotros como parte de la sociedad uruguaya que integramos.

Creemos y tomemos conciencia; hablemos sin tabúes del suicidio y la depresión. Evitemos las muertes “evitables”.

  

*) Especialista en Psicología Forense y Psicología Criminológica – Perú. Maestrado en Derechos de la Infancia, Adolescencia y Políticas Públicas -  UdelaR. Promotora DDHH Mec. Directora del Instituto de Psicología Forense del Uruguay (I.C.P.F.U.)

*) Mauro Mendiburu Benedetto

Luego de casi un mes de paz cambiaria, en esta semana el dólar americano volvió a retomar la tendencia alcista de comienzos del segundo trimestre.

En nuestro país el dólar interbancario cotizó a $ 30,686, volviendo a los valores de principios de agosto. En el mundo, la suerte fue dispar: como era de esperar, cuanto mayor la debilidad técnica de los mercados, mayor el aumento del precio del dólar.

El objetivo favorito de los mercados fue Turquía. La lira turca ha caído más del 30% en lo que va de 2018, y la devaluación de la moneda local en dicho país se ha profundizado en los últimos días. Turquía ha enfrentado un fuerte déficit en su cuenta corriente, superior al 5% en 2017, y para dominar la situación económica, las autoridades locales han subido las tasas de interés locales y reducido en un 16% sus reservas internacionales.

Lejos de detener la sangría en los mercados locales, parece que las medidas no han sido suficientes, y el propio Euro se ha visto golpeado por efecto rebote, ante la preocupación de la situación de los bancos europeos expuestos a esta crisis turca.

El segundo país afectado ha sido Argentina, donde el dólar ha subido fuertemente en las últimas dos sesiones, y los operadores locales han manifestado que se constata una importante fuga de capitales con ventas masivas de papeles argentinos.

La exorbitante tasa de interés que ofrece el pobre equipo económico argentino del 40% nominal, y las intervenciones del Banco Central de Argentina en el mercado, no han sido suficientes para frenar la nueva corrida. Es que el problema de fondo ha sido el fracaso de la política económica del gobierno del Ing. Macri, y la ausencia de un plan creíble de la mano del FMI.

La única duda que persiste en Argentina es hasta cuándo se elevará el valor de la moneda extranjera, y cuál será la caída del PIB en estos próximos semestres. El default de su abultada deuda comienza a rondar como alternativa cada vez más posible.

Sudáfrica, India, Indonesia, México y Brasil; siguen en la lista de las próximas víctimas del ataque de pánico de los mercados, varias empresas y autoridades municipales la engrosan. Nuestro país se encuentra fuera de esta lista, por el momento nuestra economía está en buenas manos, y así lo reconocen los inversores.

Sin embargo, no escaparemos de algunas de sus consecuencias. Cuanto mayor la exposición de los agentes a los mercados cambiarios o de deudas, mayor su vulnerabilidad. En tal caso, en mal momento cae el planteo presupuestario de la Intendencia de Maldonado, que, al no haber reducido el endeudamiento público, pretende incrementarlo. Son tiempos de buena administración de las deudas, así lo manifiestan los mercados. De lo contrario, la crisis iniciada en Turquía terminará incorporándonos en esa larga lista de próximas víctimas.

*) Es Master en Economía Financiera por la Univ. of London-SOAS, UK. Se desempeña actualmente como Profesor de Economía de la Universidad de la República (CURE-Maldonado) y de la Universidad Católica del Uruguay (Sede Punta del Este). Es asesor de inversiones financieras.

*) Prof. José Luis Corbo

“Lo que ve una persona depende tanto de a qué mira como de qué le ha enseñado a ver su experiencia visual y conceptual previa. En ausencia de tal aprendizaje, sólo puede darse una lujuriante y zumbante confusión, para decirlo con las palabras de Willian James” (Kuhn, T.S., 1962)

De un tiempo a esta parte, parece casi que de orden referirse a todo tipo de estructura mediada por algún tipo de relaciones sociales en términos de sistema. Es así como se repite en los discursos de los medios, esa referencia hueca en relación al carácter sistémico de las cosas. La ambigüedad con que es usado el concepto acaba habilitando su propio uso.

Podríamos decir entonces que si el sistema es concebido como una estructura modélica en la cual cada una de sus partes se articula de tal forma que lo ponen en marcha cual engranaje, la realidad está condicionada a la lógica del sistema. Cuando una pieza falla es tan sencillo como cambiarla.

Por otro lado, si el sistema acepta y promueve las relaciones de dependencia entre cada una de las piezas, pero se asume el carácter particular, propio y determinante de esas relaciones y la forma en que cada una de ellas condiciona al resto y acredita a su vez el cambio en las formas de esas piezas a sabiendas que dicho cambio condiciona el total del sistema, la lógica podría ser otra.

Para el caso de las instituciones, alinearse al orden de lo sistémico desde la primer perspectiva -en las formas del engranaje- podría ser en extremo problemático. En primer lugar, porque los sujetos que pertenecen al sistema no serían más que piezas sustituibles sin reparo alguno en la medida en que el resto del engranaje cambie su funcionamiento por un “defecto” en sus formas.

En segundo lugar, porque las relaciones sociales que se construyen en el propio sistema también pasan a ser piezas de ese engranaje y, generalmente, se construyen en el momento en el que dichas instituciones nacen. Es decir, los sujetos ingresan a una institución, adoptan su rol, y adoptan sus formas de ser y de hacer en relación a dicha institución.

Nos detenemos entonces en este último punto. Si el sujeto asume su carácter de agente bajo la lógica de las estructuras estructurantes y estructuradas, es posible que la institución que lo construye termine siendo construida también por él. Para el caso, es necesario que su rol se habilite, necesitando en la mayoría de los casos de un grupo mayor de agentes que acompañen sus ideas. De lo contrario, es probable que dicha institución lo forme a su gusto y antojo, absorbiéndolo a la interna del sistema y transformándolo en una pieza más de la estructura. De esa forma la institución puede funcionar años -mal o bien- sin modificaciones ni alteraciones visibles.

Sin embargo, los que pertenecemos o nos vinculamos a ciertas instituciones, nos preguntamos muchas veces cómo es posible que funcionen como lo hacen sin que nadie se detenga a cuestionar dicho funcionamiento. Parece ser que no sólo los sujetos actúan con cierta lógica determinista, sino que las relaciones se construyen bajo idénticas formas día tras día. Lo primero que debemos destacar es que, en la mayoría de los casos, no existen acciones conscientes sino acciones repetidas y validadas por la propia repetición.

Tomamos aquí entonces el concepto de naturalización. Para Josep Vicent Marqués (1981), la naturalización “es un fenómeno que lleva a los hombres a considerar sus acciones y sus creencias como naturales, ligadas a su naturaleza”. Desde una perspectiva sociológica, naturalizar formas de actuar, significa hacer sin pensar, hacer por hacer y porque siempre se hace o porque el resto de los que son iguales a mi lo hacen. Naturalizar nos aleja de la conciencia de las acciones, de la acción sobre la reflexión crítica y, por tanto, promueve relaciones hegemónicas que favorecen como siempre a la ideología dominante.

Para el caso de las instituciones, naturalizar formas de funcionamiento, ligadas esencialmente a los sujetos y a sus acciones y relaciones, significa abandonar las formas más básicas de la superación institucional. Repetir lo malo es naturalizarlo y repetirlo inconscientemente -como sucede en la mayoría de los casos- no nos exime de culpa. La naturalización puede transformarse en una agonía institucional permanente y en un desdén colectivo.

Cada uno de nosotros ve el mundo de determinada manera. Esas formas son las formas para las que nos prepararon y están sujetas a procesos de naturalización permanentes, promovidos por quienes se sirven de ese tipo de acciones para mantenerse donde están. Nuestro carácter de agentes nos exige el pensar profundamente nuestras prácticas -aún aquellas naturalizadas- para alejarnos de formas de reproducción de desigualdades que, generalmente, habitan todas y cada una de las instituciones a las que pertenecemos.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Daniel Pelenur MBA

Hace unos días El País le hizo un reportaje a la directora de “La Sin Rival “fábrica de pastas de Montevideo, que funciona hace más de 50 años en el mercado. La empresaria, es hija de los fundadores, es segunda generación de empresa familiar, empezó a trabajar en dicho emprendimiento a los 13 años.

El ciclo de vida de las empresas familiares está en función directa de cómo toman la posta las segundas y terceras generaciones de la familia. El porcentaje de subsistencia de dichas organizaciones baja en términos alarmantes con el paso de una generación a otra; quedan en el camino entre el 30% y 50% de ellas.

La Sin Rival la conduce una profesional, una persona que aparte está empapada en el negocio desde chica, y consigue no solo sobrevivir, sino crecer en este increíble contexto negativo de hacer negocios en nuestro paisito.

Innovación, planificación, atención personalizada, calidad, buen trato a su personal, adaptación a las nuevas tendencias del mercado, son algunas de las herramientas y claves que le han dado el oxígeno necesario a esta organización para seguir su curso.

El entorno nada favorable que acompaña a nuestras empresas hace que los empresarios, los emprendedores, tengan que constantemente estar alerta para corregir los desvíos que se suceden en sus márgenes operativos, mantener el flujo de dinero para alimentar al sistema. Esto solo se puede realizar con constante innovación y búsqueda de oportunidades de mercado, adaptación a las tendencias.

Nuestras empresas deben estar en constante cambio, no podemos permitir que las presiones del entorno país a través de sus ridículos costos hagan que lentamente vaya hacia una entropía (muerte) de mi organización.

Les aclaro que en el concepto sistémico de empresa es una de las claves a tener en cuenta, mantener una entropía negativa, y para esto, la maquinaria del sistema debe funcionar y dejarnos cierta utilidad razonable para poder seguir el ciclo normal de trabajo.

Esta Sra. directora, es una luchadora, una persona que mira el crecimiento para afuera y no en el país. Tiene el proyecto de replicar su modelo en Brasil o Argentina.

El milagro de estar vivo en Uruguay ya es milagro, para que aumentar la probabilidad de que las cosas no vayan como lo planificado, hacer inversiones y no tener un retorno satisfactorio, afectar mi capital de trabajo o endeudarme; no prefiero ver fuera de frontera.

Fuerte el tema; está tan comprimido y acechado el empresario familiar uruguayo por todo el Estado acaparador, gordo e ineficiente, que hace que nos blindemos internamente y tratemos de generar riqueza, con los dientes apretados y luchando diariamente contra todo.

La informalidad, la no visión del gobierno de turno para un apoyo real y sin burocracias hacia el emprendedor / empresario. Todo este viento de frente que nos viene, hace que las empresas familiares que subsisten sean realmente merecedoras de un aplauso, y que no bajen los brazos. Termino este análisis volviendo a repetir algunas palabras mágicas que deben tener en cuenta: Innovación, planificación, coordinación, evolución, adaptación, servicio, personal fidelizado.

Una perlita (no me puedo contener, quería hablar solo de empresas, pero…) para terminar y dejarlos tranquilos, llegando al 4% de déficit fiscal, votando una rendición de cuentas que aumenta ese déficit, tratando de acomodar a todos los que piden más de la teta del Estado (básicamente todos los inamovibles públicos), sin contrapartida en mejorar la productividad, la eficiencia, la mejora en general.

Estoy a favor de la Educación universal laica y gratuita, es un pilar de nuestra Constitución; no estoy a favor de la enorme politización de los sindicatos respectivos y su constante actitud hacia el paro por cualquier motivo.

Mis congratulaciones a la directora de la Sin Rival; no baje los brazos, siga en su lucha, un ejemplo para el empresariado uruguayo.

  

*) Master en Administración de Empresas (New York University). Ocupó cargos gerenciales de primer nivel en áreas administrativas financieras en importantes empresas en Montevideo y Buenos Aires. Docente Universitario. Desde el 2008 hace consultoría y capacitación en empresas familiares en áreas de Administración, Contabilidad, Finanzas y Organización. Cel. 099 141 417 - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

“No tendrás que preocuparte por mí por mucho tiempo” …susurró Juan a su papá. “Bueno… ¿qué sabe uno? Quizás vaya a empezar a actuar de una manera más responsable”, pensó éste. Al día siguiente Juan se suicidó.

Humberto, en un medio rural le dijo a un amigo y a un familiar que el sábado siguiente a la una de la tarde iba a limpiar su pistola en el depósito. Precisamente a la una de la tarde del sábado siguiente, Humberto se disparó y terminó con su vida.

Ambas personas se desconcertaron por el comentario, pero ninguno de ellos sintió la gravedad del mismo y ambos fallaron en descubrir el mensaje oculto.

Escondido en la rareza y en la ambigüedad de su comentario había un clamor desesperado de ayuda. Orgulloso y auto confiado, no se animó a decir a los que estaban cercanos a él que tenía problemas. En lugar de eso, escogió enmascarar su angustia con “pistas verbales extrañas” con la esperanza que alguien pudiera captarlo y que respondiera.

Tales declaraciones, como tantas otras parecidas, deberían ser consideradas como clamores serios de socorro. Tener en cuenta que quizás los mismos individuos no se den cuenta de manera consciente que están pidiendo ayuda. Pueden pensar que simplemente están dejando ver su frustración o expresando sus emociones, cuando en realidad están buscando una vía de escape de su dolor.

…Cuando iba caminando hacia la clase me encontré con Alejandra. Tenía una mirada rara y me dijo: “¡He perdido el miedo!, nos vemos en el infierno!”. Fue todo lo que dijo y se alejó.

¿Qué es lo que quiso decir con eso? ...Alejandra se suicidó al día siguiente.

“Es que Alejandra siempre estaba bromeando y nunca supe cuándo tomarla en serio”.

Una de las razones por la cual sus amigos no tomaron en serio las palabras de Alejandra fue porque ellos habían escuchado este tipo de bromas con anterioridad; se habían vuelto insensibles. Pero vemos, que el hacer bromas de cuestiones serias puede ser una señal de aviso.

Uno de los mecanismos que muchos utilizan para tratar con los temas desagradables es el hacerlos ligeros por medio de declaraciones humorísticas. Si alguien hace una broma “ocasional” con respecto a la muerte, el suicidio u otro tema morboso, no me preocuparía.

Sin embargo, cuando veo que una persona manifiesta un humor constante sobre un tema morboso, las probabilidades indican que tal persona está luchando emocionalmente con ese tema en particular.

Es necesario tomar en serio este tipo de declaraciones. Sé lo que puede ser un humor disfrazado para un alma turbada. Las bromas desarman a los demás al dar falsas impresiones de que todo está bien y que no hay necesidad de preocuparse.

Después de todo, si las cosas fueran tan malas, ¿me estaría riendo?.

¿Qué hacer? ¡Interesarse, preguntar y actuar!. Si estás equivocado y la persona no tiene intenciones suicidas, puede que te sientas mal o avergonzado, pero tu amigo sabrá que estás interesado en él. Sin embargo, si estás en lo correcto y no haces nada, bien podrías terminar asistiendo a su funeral.

Prevenir = HABLAR.

RECUERDA: El suicidio es una causa de muerte evitable. HABLEMOS.

 

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina.

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

“El deporte, que nació de juegos realmente populares, es decir, producidos por el pueblo, regresa al pueblo a la manera de la música folclórica, en forma de espectáculos producidos para el pueblo…se difunde mucho más allá del círculo de los que lo practican actualmente o lo hicieron en otra época, es decir, entre un círculo que no siempre tiene la competencia para entenderlo como es debido” (Bourdieu, 1990)

Si bien hemos hecho referencia al deporte en más de una ocasión, su carácter polisémico -con pluralidad de significados- habilita y obliga a la reflexión permanente en función de lo que el deporte como objeto construye y lo que sobre él se construye en los diversos espacios sociales de los que forma parte.

Tal es el caso del Baby Fútbol. Los rasgos particulares que lo configuran merecen la reflexión exhaustiva partiendo del análisis de los campos que sobre él actúan y lo convierten en un producto extraño, capaz de atraer a los espectadores con gustos más diversos, a la vez que espantar otro tanto debido a los rasgos casi demoníacos que en ocasiones adquieren sus formas.

En relación al propio fenómeno y para comenzar el análisis, podríamos hacer referencia a quienes lo viven y lo disfrutan como espacio de formación de sus hijos, aquellos que repiten el discurso posmoderno, aquel que dice que la vida es competencia y que el Baby fútbol es, per se, un espacio de construcción de los rasgos más determinantes del carácter de los niños -otrora el carácter de los líderes burgueses-. Desde nuestra perspectiva no existen formas directamente cuestionables sobre esas visiones.

Estamos frente a un claro proceso de normalización sobre ciertas estructuras del deporte infantil que funcionan sin ningún tipo de reflexión porque, en la medida en que niños y padres disfruten de ellas, no parece necesario cuestionarlas.

Para el caso parece ser la propia normalización la que regula el espacio social a tal punto que los procesos de deformación interna que sufre el deporte parecen imperceptibles y terminan siendo el resultado de formas gestadas al exterior del juego por aquellos que, como espectadores y consumidores del deporte espectáculo, contaminan el fútbol infantil.

Quizás la reflexión más común en cuanto al Baby fútbol y a su entorno es la que viene de la mano de la psicología, describiendo las conductas de los padres como un intento por transmitir a los nóveles deportistas sus propias frustraciones. Esto trasciende, de acuerdo con esa línea, las frustraciones deportivas de los padres, ya que muchos de ellos jamás se vincularon directamente a la práctica futbolística federada.

Es preciso diferenciar en este sentido al deportista de fin de semana o al que juega con sus amigos en una liga amateur, de aquel que alguna vez logró participar de un deporte federado, más allá de las condiciones de esa federación.  El hecho de la frustración seguramente deberá pensarse más allá del propio ámbito deportivo y se vinculará a las formas en las que los padres se proyectan en sus hijos siempre desde en vínculo fuertemente emocional y marcado indefectiblemente por las buenas intenciones.

El análisis que realiza Bourdieu nos muestra la dimensión socio histórica de esta problemática, a la vez que habilita nuestro rol docente en cuanto a la participación del proceso de reconstrucción cultural. Para el autor, el deporte moderno como construcción de la clase obrera, como producto del pueblo trabajador expropiado por la clase noble inglesa, regresa el pueblo en forma de espectáculo. Aquellos sujetos “colonizados” que entregaron su legado al sector más pudiente para educar a los jóvenes en sus escuelas, en determinado momento de la historia, vuelven a participar de él como espectadores.

El problema es que las formas que había adquirido el deporte habían alejado al pueblo de la propia práctica deportiva, alejándolos también de la comprensión de las formas deportivas más profundas, del virtuosismo técnico y táctico sobre las acciones, del entendimiento de las lógicas profundas que hacen del deporte un objeto en extremo complejo y perfectible. Le habían quitado al pueblo la capacidad para entender el fútbol vinculada siempre a su participación y comprensión, por tanto, del juego desde el juego.

Esta suerte de robo intelectual construye entonces, en las ideas del autor, un sector social que participa como espectador pero que aplaude la teatralización del fútbol desde sus aspectos más bárbaros. Se legitiman las formas de entrega, lo violento por sobre el estético, lo pícaro por sobre lo estratégico… en fin, lo antideportivo por sobre lo estrictamente deportivo, de forma de que el deporte, en función de su imposibilidad por escapar a los aspectos exógenos que lo construyen, sufre innumerables deformaciones dentro y fuera de la cancha.

Con el paso del tiempo y vinculado a los procesos de globalización el deporte, y para el caso particular el fútbol, vuelve a transformarse en un deporte popular. Ya no en un juego dado sus rasgos internos, pero si en un deporte que se practica desde hace mucho tiempo en los escenarios más diversos. El deporte espectáculo sigue creciendo, pero de la mano de aquellas formas exageradas de teatralizar lo irrepetible y de aplaudir la patada por sobre el caño y la barrida al piso por sobre el gol o el virtuosismo de la finta.

Esas formas históricas son parte de la construcción del Baby fútbol actual en nuestro país y, debido al proceso cultural que las instaló y pareciera habilitarlas, puebla nuestras canchas y condiciona nuestros niños cada fin de semana. Basta con participar para ver y escuchar los discursos de los espectadores y los gritos desesperados hacia los niños, con palabras y sugerencias que demuestran que aún al día de hoy gran cantidad de los que participan como espectador, siguen sin entender el deporte.

Decíamos que esta lectura sobre el deporte como objeto cultural y sus deformaciones históricas, no sólo pretende ser una defensa hacia esos padres que gritan desde su condición de sujetos históricos y como parte de su habitus, sino que habilita la reflexión para los docentes en cuanto a la necesidad de pensar el deporte más allá de sus prácticas y más allá del proceso de formación de los propios practicantes.

Es una reflexión que nos moviliza para pensar en esos padres espectadores que son producto del Baby fútbol como construcción y que son a su vez constructores pero que son, en cualquier forma, sujetos impostergables para la educación deportiva.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente. Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

Muchas familias niegan un suicidio obvio aun en el caso de que haya evidencia indiscutible. La mera idea de que un ser querido se quite la vida es emocionalmente difícil de asimilar. El proceso de negación es complicado por el sentido abrumador de la culpa y de la responsabilidad que siente la familia.

Simplemente es muy doloroso para los miembros de la familia el admitirse el uno al otro que su ser querido se quitó la vida. Cada miembro se siente responsable por no haber prevenido la pérdida.

Sería difícil el sobreestimar las consecuencias actuales y futuras por causa de esta tendencia suicida si es que no se hace algo en cada comunidad que ayude a abortar este tipo de incidentes. Esta desesperante situación no va a cambiar por sí sola.

Otras tendencias, tales como el quebrantamiento de la unidad familiar, la decadencia de los valores y la poca consideración del valor de la vida, alimentan la problemática suicida. Estas tendencias no están mejorando, así que tampoco podemos esperar que la tasa de suicidio disminuya.

El suicidio es un síntoma de problemas, situaciones y tendencias las cuales no hemos reconocido ni enfrentado de la manera apropiada. Conocer las señales de aviso o los síntomas que puede mostrar una persona que desea suicidarse es un primer paso esencial, para disminuir las muertes.

La mayoría de las personas que han perdido a un ser querido por causa del suicidio dicen que nunca se imaginaron que les pudiera suceder a ellos, y que no vieron nada que indicara que su ser amado estaba experimentando algún problema grande. Una de las razones es que muchos de los mensajes pueden ser sutiles.

Un área en la que los adolescentes son altamente deficientes es la de “soportar el sufrimiento”. Reciben un sinnúmero de oportunidades para afligirse, pero tienen pocos recursos para tratar con ello. Además, debemos enseñar a los chicos que los sentimientos siempre cambian, aun aquellos que parecen abrumarnos.

Hay momentos que a todos nos dan deseos de darnos por vencidos. Un día puede que nos sintamos maravillosamente bien y pensamos que la vida es grandiosa, al día siguiente nuestras vidas parecen no tener esperanza alguna.

No debemos olvidar que la clave para la prevención es HABLAR. Es necesario que aprendamos a expresar y exteriorizar lo que sentimos. De esa forma, la persona agobiada, podrá recibir ayuda.

NO OLVIDE: El suicidio es una causa de muerte EVITABLE.

 

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina Especializaciones en Suicidología: Red de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

“Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase” (Lenin)

Es probable que, la gran carencia de los sindicatos de la educación sea la falta de intercambio político ideológico con sus afiliados no directivos, la ausencia de espacios de debate que no se enfoquen en los problemas como emergentes, sino en los supuestos teóricos que subyacen dichos problemas.

La dificultad real para entender la lógica de los famosos paros en educación, que no es la misma lógica de los paros de otras épocas, porque al paro hay que situarlo para pensarlo, radica en la falta -intencional o no- de espacios reflexivos de análisis profundo que promuevan en el trabajador el desarrollo crítico para actuar conscientemente y no promovido por el sentido o no de pertenencia a un colectivo o, sencillamente, por motivaciones personales.

Es inevitable pensar un sindicato como una estructura político-ideológica creada por los trabajadores y trabajando para ellos. Parece innecesario acotar que, en este escenario, los intereses personales serán subordinados por intereses colectivos que, en función de un sentido también colectivo que sostenga las prácticas del propio sindicato, tomará como faro un proyecto social pensado sobre un referente de justicia social que garantice, entre otras cosas, las condiciones laborales de los trabajadores como parte del engranaje que sostiene el propio proyecto.

Decimos, en este sentido, que el fondo de las acciones sindicales deberá ser siempre el proyecto y no los propios trabajadores porque parece a priori contradictorio asumir que existe una significación válida en cuanto a las mejoras laborales si el proyecto social no se construye de la mano de esas acciones.

Es también de orden aclarar los matices partidarios que los propios sindicatos toman -en función de que hoy parecen ser el principal trampolín político- condicionando acciones de sus afiliados en base a pensamientos que responden más al sentido de pertenencia a ese sector político que a la propia clase trabajadora.

Debería ser prioridad de cada sindicato el declararse independiente de los sectores político-partidarios, más allá de que luego sus propias prácticas los enfrenten a la inevitable imagen de la contradicción.

Como decíamos inicialmente, los espacios de debate serán el lugar de circulación de los saberes básicos para poder comprender un fenómeno que necesariamente requiere de un análisis profundo. El propósito de la formación de los trabajadores será facilitar los aspectos teóricos que subyacen al paro como práctica social, apelando a las ideas de Carr & Kemmis de que la única forma de entender una práctica es con teoría.

No existen prácticas neutras, aunque simulen serlo, porque el desconocimiento del fondo tampoco exime de culpas. Es parte medular del ejercicio de la democracia el desarrollo del interés personal que facilite un proceso reflexivo sobre un proyecto de país, más allá de que sabemos que existen maniobras que intencionalmente favorecen formas parcializadas de ignorancia.

Las palabras jamás son huecas, siempre están cargadas de sentidos. Y los sentidos se construyen sobre lo que se dice, pero también sobre lo que no se dice. Porque el silencio, en la mayoría de los casos, encubre prácticas de fondo que, para el caso de las acciones sindicales, son mucho más importante que los motivos explícitos de los propios paros.

Basta con intentar explicar los sentidos del seis por ciento a sujetos alejados de los ámbitos educativos, para darnos cuenta de que el problema no es explicar el propio porcentaje sino el por qué y el para qué de la inversión en educación a la luz de teorías macroeconómicas alineadas a la lógica del capital humano. Porque sabido es que, desde la línea del Banco Mundial, parece ser que la inversión en educación deberá significarse en el aumento del PBI. De lo contrario no se justifica.

Parar en educación va mucho más allá de parar para el seis por ciento. Va más allá incluso del sentido de pertenencia con el sindicato, o de estar afiliado o no. -convengamos aquí que no es lo mismo, muchos afiliados padecemos la falta de ese sentido de pertenencia-.

Parar va también más allá de identificarse con un determinado sector político partidario porque es de libro la independencia partidaria del trabajador como trabajador, no del trabajador como votante en el ejercicio de su derecho democrático.

Parar en educación es parar como medida de expresión frente a un proyecto social que encubre bajo las formas del cuatro y algo por ciento, las formas más repudiables del neoliberalismo. Es parar asumiendo que esas condiciones económicas que se reclaman son parte indispensable de un proyecto que deberá pensar la educación como una práctica liberadora y no como un proceso de promoción de la cadena productiva.

Parar en educación es, en definitiva, la voz de los docentes que se niegan a ser una víctima más de los acuerdos internacionales y que reclaman su espacio para pensar juntos y críticamente el fondo ideológico que sostiene el propio proyecto social del que todos, aunque no lo sepamos, somos parte.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente. Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.