*) Lic. en Psicología Adriana Savio Corvino

Si existe un denominador que podríamos llamar “común”, al túnel oscuro y siniestro que significa para el adicto, atravesar su proceso por el calvario de la sustancia, es “necesitar aquello que lo daña” más que aquello que lo sanará y liberará definitivamente de su calvario. Ojalá, nunca necesites como el aire para respirar, aquello que tal cual veneno al cuerpo, terminará exterminándote.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

En uno de sus fragmentos, el filósofo alemán Friedrich Schlegel (1772 -1829) reflexiona sobre el suicidio:

Por lo general, el suicidio es solamente un suceso, raramente una acción. Si es lo primero, su autor habrá obrado siempre mal, como un niño que se quiere emancipar. Sin embargo, si es una acción, ya no cabe hablar de derecho sino únicamente de conveniencia, pues solo a ésta se halla sujeto el arbitrio, que debe determinar todo lo que no pueden determinar las leyes puras, como el aquí y el ahora; y que puede determinar todo lo que no destruya el arbitrio de los demás, destruyéndose, con ello, a sí mismo.

El suicidio se representa como el acto más radical porque se comete aparentemente contra la necesidad, es decir, contra nuestras determinaciones naturales. También se hace contra el destino, que, si bien nos tiene deparada una muerte, también nos impone la obligación de seguir viviendo.

De modo tal que el suicida es uno que se coloca en el lugar del destino para realizarlo por su propia mano, de tal modo que es al mismo tiempo un rebelde y un desesperado.

Hegel menciona que el hombre es “la muerte que una vida humana vive”.

Camus todavía hablaba del suicidio con un acento, digamos, romántico. Querer acercar la muerte voluntaria a un asunto filosófico es desdibujar el problema, borrar su fondo. El suicidio no puede pertenecer nunca a la filosofía ni a la literatura, aunque en ambas ha sido y es un asunto crucial.

En el acto voluntario de morir intervienen demasiados factores, a veces azarosos. El suicidio está latente en un rincón de nuestra mente, pero también de nuestra cultura. Si nos “asusta” es porque, de algún modo, contraviene el orden, tanto biológico como cronológico.

Según nuestra mentalidad, la muerte tiene sentido cuando ya ha consumado un proceso, una vida, un camino. Si nos turba la muerte de una persona joven es precisamente porque en ella se cumple esta violación del tiempo. En el rechazo del suicido, en la perplejidad que se siente ante él, se encierran muchas cosas.

Aristóteles abrió una tradición que todavía prevalece: consideraba a quien se daba muerte como un desertor de la sociedad, ya que, según su discurso, el individuo pertenece a la comunidad que le ha ayudado a educarse e integrarse.

Ante la empresa encomendada al ser humano, imposible de cumplir, surge la angustia. Esta empresa, sin duda colosal, consiste, para el creyente, en tener que responder a las expectativas de Dios depositadas en él, o bien, en los siglos últimos, de carácter laico, a lo que espera la sociedad de cada uno de nosotros; una sociedad, recordémoslo, implacable y a menudo impía, en la que el mercado -es decir, el dinero- ha dinamitado toda posibilidad de entendimiento. El avance de la barbarie, la brutalidad, su erosión, son cercos que el individuo de la contemporaneidad ve difíciles de romper.

El suicidio no nos salva, porque afrontarlo, aunque sea desde la legítima y comprensible desesperación, es darle la razón al mundo.

Si la estadística se cumple, hoy, en Uruguay, se quitarán la vida 2 personas y muchas más lo intentarán y según recientes estudios la mayoría habrá pedido ayuda en la última semana y otras hoy mismo. Las personas que hoy se quiten la vida serán muchos más que las mujeres que son asesinadas por violencia de género o las personas que mueren en accidente de tráfico.

Sin embargo, el suicidio, un grave problema social y de salud pública, sigue en el tabú de la calle y en el silencio de muchos. Es necesario “hablar”: hablar alivia; hablar libera. Hablar de suicidio no provoca suicidios, sino que ayuda a las personas a expresar sus emociones en situaciones difíciles. Y contribuye a que el suicidio no sea un tabú. O lo que es lo mismo, “cifras invisibles para la opinión pública”.

Invitar al padeciente a enfrentar la vida y encontrarle un sentido que vaya más allá de la supervivencia… invitarlo a vivir y no a perdurar en el tiempo.

RECUERDA: El Suicidio es una causa de muerte EVITABLE.

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina.

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

“No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es lo más importante” Guevara, E.

Hemos hecho referencia, en otras ocasiones, a esa conducta natural de los sujetos de evaluar de forma permanente. Hemos explicado también, que esa evaluación es la práctica que consiste en someter a un determinado objeto -o un recorte de ese objeto- a la comparación con su referente o “deber ser” y que ese ideal de comparación obedece a una construcción personal de origen social.

Es decir que, en función de una estructura cognitiva interna preelaborada, que responde a ideales construidos socialmente, entre sujetos, pero que goza de formas particulares para cada uno de nosotros, ponemos en marcha esa histórica práctica social que consiste en establecer juicios de valor de forma casi que permanente, sobre todos y, sobre todo.

Estas acciones no nos transforman en jueces supremos ni mucho menos, sobre todo porque la mayoría de los referentes de evaluación a los que responden esas prácticas, como hemos dicho, no son más que el producto de la historia personal del sujeto que desarrolla la práctica y de los rasgos particulares del espacio social al que pertenece.

Es así entonces como, cuando se trata de evaluar un sujeto o una acción de un sujeto, es la historia del sujeto evaluador la que establece referentes de comparación y criterios para evaluar y no la historia del sujeto evaluado la que lo hace, aun cuando ambos pertenezcan al mismo espacio social.

Lo que decimos, en definitiva, es que cada sujeto tiene una determinada forma de juzgar que responde a una determinada forma de ver y de entender el mundo, y que esa forma es el resultado inconsciente de una historia de vida que lo condiciona.

Es ella la responsable de esa práctica que consiste en vivir permanentemente estableciendo juicios de valor que muchas veces, la mayoría, no coinciden siquiera con los del amigo más cercano. En definitiva, nadie es culpable de pensar lo que piensa, aunque estemos en desacuerdo con él. Porque, en definitiva, la que lo piensa es su historia.

Queremos, en este caso, referirnos a una cuestión en particular. Durante muchos años, todas esas formas de entender el mundo, formas que determinan el ser y el hacer de los sujetos, coincidían en determinados criterios que simulaban formas de entendimiento o espacios compartidos de opinión. El que establecía cuáles eran esos puntos de encuentro, era lo que muchos llamaban “sentido común”.

Ese famoso sentido común, al momento de juzgar acciones propias o ajenas, respondía a parámetros éticos, es decir a aspectos teóricos del orden de lo absoluto y vinculados al comportamiento humano, a los parámetros supuestamente objetivados del bien y del mal. E intento acá ir mucho más allá de lo moral, dado su carácter relativo y por tanto variable.

La pérdida del tan mentado sentido común ha transformado las formas humanas de la evaluación en prácticas poco menos que insostenibles, alejadas de las líneas éticas que otrora aportaban lo general y absoluto, a lo particular y propio de los juicios construidos. Hoy parece que lo particular se robó el terreno y no existen parámetros regulatorios que orienten las formas de entender y, por tanto, de juzgar al mundo.

Y en ese recorrido, hemos ido perdiendo lo que alguna vez fue de todos y era por todos incuestionado. Abrimos acá un particular capítulo para los sentidos de la justicia social. Perdimos la capacidad de sorpresa ante las formas más extremas de pobreza, de violencia, de abandono. Caminamos entre la mendicidad sin siquiera espantarnos, y somos tan inertes e inquebrantables que inclusive nos creemos capaces de poder juzgar a los pobres por su pobreza.

Parece que hemos encontrado las formas de elaborar juicios de valor que condenen la pobreza, porque parece también que esta especie de inconsciente colectivo nos envalentona para opinar de todo y sobre todos, sin detenernos jamás, a evaluarnos a nosotros.

Asumimos, finalmente, que las formas político-ideológicas del neoliberalismo, han reestablecido los parámetros éticos y con ello los sentidos de la justicia social, elaborando, en palabras de Chomsky, una estructura de clases marxista, con los valores invertidos. Esos parámetros evaluatorios no solo validan la injusticia social, sino que la justifican, porque los que juzgan, subliminalmente, necesitan de las formas extremas de la pobreza y de la miseria humana para mantenerse, ellos, en el mismo lugar de la lucha de clases.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Lic. en Psicología Adriana Savio Corvino

Es sabido que Uruguay ha sido un país muy castigado en cuanto a sus valores elevados o significativos en proporción a nuestra poca población, con relación a los índices de Depresión y suicidios consumados.

En la actualidad este dato no ha dejado de variar, y volvemos a encontrarnos como el 2°país de toda Latinoamérica con más suicidios consumados por mes y por año, pero también nos hallamos entre los 5 países del mundo, que padece mayor tasa de depresión a nivel mundial.

La pregunta que nos hacemos cotidianamente todos los nativos es: ¿Qué explicaría, esta cierta “predisposición” o tendencia a la comisión de la muerte y al moverse de forma casi diaria, en contacto con la misma, ya sea a través de los intentos de autoeliminación -registrados en poblaciones etarias al 2018 centralizadas en 3ª edad y temprana adolescencia- como los suicidios consumados o el sobrevivir al margen de una depresión incipiente o declarada y cada día más instalada?.

¿Cuántos uruguayos viven hoy, a pesar de identificar correctamente los indicadores de depresión en predisposición a la misma, a la sombra tirana de la angustia y la tristeza sin tomar cartas en el asunto ni solicitar asistencia al respecto?.

Este es un tema que preocupa epidemiológicamente a la salud pública nacional, ya que aparentemente desde lo socio cultural y hasta casi antropológico, parece ser que los uruguayos tendemos a “sostener” el sobrevivir bajo la sombra de la tristeza o depresión prolongada en el tiempo, pensando quizás que no existe otra realidad psíquica posible.

Por otra parte, desde lo clínico esto instala otro problema que es el que el paciente depresivo, es un paciente muy resistente a consultar por dicha parecencia, aunque la identifique y tiende a camuflar, consciente o inconscientemente las causas de su mal, consultando por lo general por cuadros como: nervios viscerales, malestares estomacales sin causas aparentes, ataques de pánico, alteraciones al dormir o problemas y psico somatizaciones en la piel.

Alteraciones que, en el sistema de atención primaria de salud, o sea puerta, deberán ser debidamente identificados buscando también las posibles causales psicológicas y/o psiquiátricas que conecten con cuadros iniciales o avanzados de depresión, con o sin aparición de intentos de autoeliminación o tendencias suicidas, ya sean buscando consumarse conscientemente y expresadas así por el consultante, o a través de “accidentes” o “descuidos” mortales como ser accidentes de tránsito reiterados, etc.

Actualmente según las recientes investigaciones la depresión se conoce como un CONJUNTO de cuadros de orden psicológico que sumados van generando el devenir de la tristeza su cronificación y posteriormente la aparición de futuros diagnósticos depresivos de menor a mayores niveles de compromiso y pronostico del paciente.

Llamativamente en esta fórmula Depresión+Sucidio se suma un coeficiente llamado accidentes de tránsito, siendo los mismos no por casualidad, la 1ª causal de muerte en nuestro país y luego los suicidios. Debemos comprender que la madre de todos estos males, solo se llama de una manera y es la depresión no asistida o intervenida debidamente de forma temprana en la mayoría de los casos que finalizan sus vidas de formas tan tristes y poco dignas.

El suicidio como “opción” letal, emerge como resultado casi “esperable” luego de largo procesos de depresión, y si es éste el caso, se trata, por ende, de muertes totalmente EVITABLES, que siendo intervenidos a tiempo pueden remediar tan terrible desenlace.

Por otra parte, lo que debemos saber es que el deseo del suicida justamente no radica en “matarse” sino principalmente, en “desaparecer de la vida que le ha tocado” o sea “escapar” de la misma.

Pero aquí volvemos a la base depresiva, donde nos encontramos que los afectos y las relaciones con nuestro entorno son lo que nos da significado a nosotros y a nuestras vidas, por lo que uno de los factores protectores por excelencia de la depresión, así como también para los suicidios, es hacerle saber al otro que es importante o significativo en algo para nuestras vidas.

Las personas depresivas pueden evitar llegar a pensar en desenlaces fatales como el suicido, cuando se sienten importantes y con valor en la vida de aquellos que los rodean, o por lo menos de alguien que les demuestre su afecto y empatía.

¿Qué tener en cuenta para ayudar e intervenir sanamente en estos procesos?.

El paciente depresivo es un paciente muy negativista.

No hará fácil el acceso hacia su realidad interior y hacia su dolor.

Cuanto mayor es el nivel del estado deprimido que padece, mayor es el nivel de intolerancia a todo aquello que lo rodea y según él, no funciona como desea que funcione. Será difícil acercarse y empatizar con su realidad y dolor; sin embargo, los “actos” como demostrar que uno está acompañando o a su lado para cuando él lo desee puede ser de gran ayuda.

Por otra parte, la soledad que este tipo de paciente reclama, no es sana, y debe ser acompañada de alguna forma posible. El dicho “la soledad es una mala consejera” aquí se aplica con exactitud, ya que la soledad deshumaniza la vivencia cotidiana y mental del sujeto sufriente y muchas veces termina “respondiendo” lo que el mismo desea escuchar.

En este sentido como uruguayos también debemos hacer un gran esfuerzo ya que somos muy de “no meternos” en la vida ajena; sin embargo, la no acción o el no acercamiento humanizado en estos casos puede ser un detonante clave para desatar hasta las peores conductas suicidas basadas en la desolación y en sentirse fehacientemente “por fuera” o al “margen” del resto.

Algunas Recomendaciones Útiles y Practicas al respecto:

A los pacientes en sí, o a aquellos que sienten deberían consultar, promover que se acerquen a los sistemas de salud a consultas de médico general que derive en caso de ser necesario; que se nucleen a pesar de la dificultad interior que sientan y que no se queden solos.

A los familiares de pacientes o potenciales pacientes, que se asesoren al respecto de cómo hablar y tomar contacto con su ser querido y nunca interpreten la “barrera” de intolerancia como una necesidad de “soledad” sana; todo lo contrario, respetando al paciente, buscar seguir acercándose y aproximarlo a grupos de apoyo o trabajo para salir adelante.

Actualmente el nombre científico que se le otorga a la depresión es "Cáncer del Alma" justamente por ello, porque data de una parecencia que al igual que la reacción química del ácido sobre los objetos, no tiene límite de acción una vez iniciado el proceso de interacción con el paciente.

Puede comenzar como una simple “tristeza” pero complejizarse a puntos que rocen la comisión suicida o el perdurar en la depresión, sin permitir asistencia y en si permanecer en el tiempo flotando y aparentando estar vivo por fuera, y sin embargo por dentro estar muerto emocional y psíquicamente.

Somos dignos y tenemos derechos, y uno de nuestros derechos humanos es el derecho a ser felices, la felicidad no puede ser un horizonte lejano a pesar de todas las dificultades, debe comenzar a ser el estímulo acompañante en todos nuestros momentos de la vida, y nunca más transformarse en el “objetivo” a un tan largo plazo que terminamos deprimiéndonos si no lo alcanzamos.

Bajar los niveles de depresión y suicidio a nivel nacional es un problema social, y por ende es un problema de todos, no únicamente de quienes lo sufren.

Cada 3 días se suicida 1 uruguayo, y esta pérdida no es de la familia directa, es una pérdida que sufrimos todos y cada uno de nosotros como parte de la sociedad uruguaya que integramos.

Creemos y tomemos conciencia; hablemos sin tabúes del suicidio y la depresión. Evitemos las muertes “evitables”.

  

*) Especialista en Psicología Forense y Psicología Criminológica – Perú. Maestrado en Derechos de la Infancia, Adolescencia y Políticas Públicas -  UdelaR. Promotora DDHH Mec. Directora del Instituto de Psicología Forense del Uruguay (I.C.P.F.U.)

*) Mauro Mendiburu Benedetto

Luego de casi un mes de paz cambiaria, en esta semana el dólar americano volvió a retomar la tendencia alcista de comienzos del segundo trimestre.

En nuestro país el dólar interbancario cotizó a $ 30,686, volviendo a los valores de principios de agosto. En el mundo, la suerte fue dispar: como era de esperar, cuanto mayor la debilidad técnica de los mercados, mayor el aumento del precio del dólar.

El objetivo favorito de los mercados fue Turquía. La lira turca ha caído más del 30% en lo que va de 2018, y la devaluación de la moneda local en dicho país se ha profundizado en los últimos días. Turquía ha enfrentado un fuerte déficit en su cuenta corriente, superior al 5% en 2017, y para dominar la situación económica, las autoridades locales han subido las tasas de interés locales y reducido en un 16% sus reservas internacionales.

Lejos de detener la sangría en los mercados locales, parece que las medidas no han sido suficientes, y el propio Euro se ha visto golpeado por efecto rebote, ante la preocupación de la situación de los bancos europeos expuestos a esta crisis turca.

El segundo país afectado ha sido Argentina, donde el dólar ha subido fuertemente en las últimas dos sesiones, y los operadores locales han manifestado que se constata una importante fuga de capitales con ventas masivas de papeles argentinos.

La exorbitante tasa de interés que ofrece el pobre equipo económico argentino del 40% nominal, y las intervenciones del Banco Central de Argentina en el mercado, no han sido suficientes para frenar la nueva corrida. Es que el problema de fondo ha sido el fracaso de la política económica del gobierno del Ing. Macri, y la ausencia de un plan creíble de la mano del FMI.

La única duda que persiste en Argentina es hasta cuándo se elevará el valor de la moneda extranjera, y cuál será la caída del PIB en estos próximos semestres. El default de su abultada deuda comienza a rondar como alternativa cada vez más posible.

Sudáfrica, India, Indonesia, México y Brasil; siguen en la lista de las próximas víctimas del ataque de pánico de los mercados, varias empresas y autoridades municipales la engrosan. Nuestro país se encuentra fuera de esta lista, por el momento nuestra economía está en buenas manos, y así lo reconocen los inversores.

Sin embargo, no escaparemos de algunas de sus consecuencias. Cuanto mayor la exposición de los agentes a los mercados cambiarios o de deudas, mayor su vulnerabilidad. En tal caso, en mal momento cae el planteo presupuestario de la Intendencia de Maldonado, que, al no haber reducido el endeudamiento público, pretende incrementarlo. Son tiempos de buena administración de las deudas, así lo manifiestan los mercados. De lo contrario, la crisis iniciada en Turquía terminará incorporándonos en esa larga lista de próximas víctimas.

*) Es Master en Economía Financiera por la Univ. of London-SOAS, UK. Se desempeña actualmente como Profesor de Economía de la Universidad de la República (CURE-Maldonado) y de la Universidad Católica del Uruguay (Sede Punta del Este). Es asesor de inversiones financieras.

*) Prof. José Luis Corbo

“Lo que ve una persona depende tanto de a qué mira como de qué le ha enseñado a ver su experiencia visual y conceptual previa. En ausencia de tal aprendizaje, sólo puede darse una lujuriante y zumbante confusión, para decirlo con las palabras de Willian James” (Kuhn, T.S., 1962)

De un tiempo a esta parte, parece casi que de orden referirse a todo tipo de estructura mediada por algún tipo de relaciones sociales en términos de sistema. Es así como se repite en los discursos de los medios, esa referencia hueca en relación al carácter sistémico de las cosas. La ambigüedad con que es usado el concepto acaba habilitando su propio uso.

Podríamos decir entonces que si el sistema es concebido como una estructura modélica en la cual cada una de sus partes se articula de tal forma que lo ponen en marcha cual engranaje, la realidad está condicionada a la lógica del sistema. Cuando una pieza falla es tan sencillo como cambiarla.

Por otro lado, si el sistema acepta y promueve las relaciones de dependencia entre cada una de las piezas, pero se asume el carácter particular, propio y determinante de esas relaciones y la forma en que cada una de ellas condiciona al resto y acredita a su vez el cambio en las formas de esas piezas a sabiendas que dicho cambio condiciona el total del sistema, la lógica podría ser otra.

Para el caso de las instituciones, alinearse al orden de lo sistémico desde la primer perspectiva -en las formas del engranaje- podría ser en extremo problemático. En primer lugar, porque los sujetos que pertenecen al sistema no serían más que piezas sustituibles sin reparo alguno en la medida en que el resto del engranaje cambie su funcionamiento por un “defecto” en sus formas.

En segundo lugar, porque las relaciones sociales que se construyen en el propio sistema también pasan a ser piezas de ese engranaje y, generalmente, se construyen en el momento en el que dichas instituciones nacen. Es decir, los sujetos ingresan a una institución, adoptan su rol, y adoptan sus formas de ser y de hacer en relación a dicha institución.

Nos detenemos entonces en este último punto. Si el sujeto asume su carácter de agente bajo la lógica de las estructuras estructurantes y estructuradas, es posible que la institución que lo construye termine siendo construida también por él. Para el caso, es necesario que su rol se habilite, necesitando en la mayoría de los casos de un grupo mayor de agentes que acompañen sus ideas. De lo contrario, es probable que dicha institución lo forme a su gusto y antojo, absorbiéndolo a la interna del sistema y transformándolo en una pieza más de la estructura. De esa forma la institución puede funcionar años -mal o bien- sin modificaciones ni alteraciones visibles.

Sin embargo, los que pertenecemos o nos vinculamos a ciertas instituciones, nos preguntamos muchas veces cómo es posible que funcionen como lo hacen sin que nadie se detenga a cuestionar dicho funcionamiento. Parece ser que no sólo los sujetos actúan con cierta lógica determinista, sino que las relaciones se construyen bajo idénticas formas día tras día. Lo primero que debemos destacar es que, en la mayoría de los casos, no existen acciones conscientes sino acciones repetidas y validadas por la propia repetición.

Tomamos aquí entonces el concepto de naturalización. Para Josep Vicent Marqués (1981), la naturalización “es un fenómeno que lleva a los hombres a considerar sus acciones y sus creencias como naturales, ligadas a su naturaleza”. Desde una perspectiva sociológica, naturalizar formas de actuar, significa hacer sin pensar, hacer por hacer y porque siempre se hace o porque el resto de los que son iguales a mi lo hacen. Naturalizar nos aleja de la conciencia de las acciones, de la acción sobre la reflexión crítica y, por tanto, promueve relaciones hegemónicas que favorecen como siempre a la ideología dominante.

Para el caso de las instituciones, naturalizar formas de funcionamiento, ligadas esencialmente a los sujetos y a sus acciones y relaciones, significa abandonar las formas más básicas de la superación institucional. Repetir lo malo es naturalizarlo y repetirlo inconscientemente -como sucede en la mayoría de los casos- no nos exime de culpa. La naturalización puede transformarse en una agonía institucional permanente y en un desdén colectivo.

Cada uno de nosotros ve el mundo de determinada manera. Esas formas son las formas para las que nos prepararon y están sujetas a procesos de naturalización permanentes, promovidos por quienes se sirven de ese tipo de acciones para mantenerse donde están. Nuestro carácter de agentes nos exige el pensar profundamente nuestras prácticas -aún aquellas naturalizadas- para alejarnos de formas de reproducción de desigualdades que, generalmente, habitan todas y cada una de las instituciones a las que pertenecemos.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Daniel Pelenur MBA

Hace unos días El País le hizo un reportaje a la directora de “La Sin Rival “fábrica de pastas de Montevideo, que funciona hace más de 50 años en el mercado. La empresaria, es hija de los fundadores, es segunda generación de empresa familiar, empezó a trabajar en dicho emprendimiento a los 13 años.

El ciclo de vida de las empresas familiares está en función directa de cómo toman la posta las segundas y terceras generaciones de la familia. El porcentaje de subsistencia de dichas organizaciones baja en términos alarmantes con el paso de una generación a otra; quedan en el camino entre el 30% y 50% de ellas.

La Sin Rival la conduce una profesional, una persona que aparte está empapada en el negocio desde chica, y consigue no solo sobrevivir, sino crecer en este increíble contexto negativo de hacer negocios en nuestro paisito.

Innovación, planificación, atención personalizada, calidad, buen trato a su personal, adaptación a las nuevas tendencias del mercado, son algunas de las herramientas y claves que le han dado el oxígeno necesario a esta organización para seguir su curso.

El entorno nada favorable que acompaña a nuestras empresas hace que los empresarios, los emprendedores, tengan que constantemente estar alerta para corregir los desvíos que se suceden en sus márgenes operativos, mantener el flujo de dinero para alimentar al sistema. Esto solo se puede realizar con constante innovación y búsqueda de oportunidades de mercado, adaptación a las tendencias.

Nuestras empresas deben estar en constante cambio, no podemos permitir que las presiones del entorno país a través de sus ridículos costos hagan que lentamente vaya hacia una entropía (muerte) de mi organización.

Les aclaro que en el concepto sistémico de empresa es una de las claves a tener en cuenta, mantener una entropía negativa, y para esto, la maquinaria del sistema debe funcionar y dejarnos cierta utilidad razonable para poder seguir el ciclo normal de trabajo.

Esta Sra. directora, es una luchadora, una persona que mira el crecimiento para afuera y no en el país. Tiene el proyecto de replicar su modelo en Brasil o Argentina.

El milagro de estar vivo en Uruguay ya es milagro, para que aumentar la probabilidad de que las cosas no vayan como lo planificado, hacer inversiones y no tener un retorno satisfactorio, afectar mi capital de trabajo o endeudarme; no prefiero ver fuera de frontera.

Fuerte el tema; está tan comprimido y acechado el empresario familiar uruguayo por todo el Estado acaparador, gordo e ineficiente, que hace que nos blindemos internamente y tratemos de generar riqueza, con los dientes apretados y luchando diariamente contra todo.

La informalidad, la no visión del gobierno de turno para un apoyo real y sin burocracias hacia el emprendedor / empresario. Todo este viento de frente que nos viene, hace que las empresas familiares que subsisten sean realmente merecedoras de un aplauso, y que no bajen los brazos. Termino este análisis volviendo a repetir algunas palabras mágicas que deben tener en cuenta: Innovación, planificación, coordinación, evolución, adaptación, servicio, personal fidelizado.

Una perlita (no me puedo contener, quería hablar solo de empresas, pero…) para terminar y dejarlos tranquilos, llegando al 4% de déficit fiscal, votando una rendición de cuentas que aumenta ese déficit, tratando de acomodar a todos los que piden más de la teta del Estado (básicamente todos los inamovibles públicos), sin contrapartida en mejorar la productividad, la eficiencia, la mejora en general.

Estoy a favor de la Educación universal laica y gratuita, es un pilar de nuestra Constitución; no estoy a favor de la enorme politización de los sindicatos respectivos y su constante actitud hacia el paro por cualquier motivo.

Mis congratulaciones a la directora de la Sin Rival; no baje los brazos, siga en su lucha, un ejemplo para el empresariado uruguayo.

  

*) Master en Administración de Empresas (New York University). Ocupó cargos gerenciales de primer nivel en áreas administrativas financieras en importantes empresas en Montevideo y Buenos Aires. Docente Universitario. Desde el 2008 hace consultoría y capacitación en empresas familiares en áreas de Administración, Contabilidad, Finanzas y Organización. Cel. 099 141 417 - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

“No tendrás que preocuparte por mí por mucho tiempo” …susurró Juan a su papá. “Bueno… ¿qué sabe uno? Quizás vaya a empezar a actuar de una manera más responsable”, pensó éste. Al día siguiente Juan se suicidó.

Humberto, en un medio rural le dijo a un amigo y a un familiar que el sábado siguiente a la una de la tarde iba a limpiar su pistola en el depósito. Precisamente a la una de la tarde del sábado siguiente, Humberto se disparó y terminó con su vida.

Ambas personas se desconcertaron por el comentario, pero ninguno de ellos sintió la gravedad del mismo y ambos fallaron en descubrir el mensaje oculto.

Escondido en la rareza y en la ambigüedad de su comentario había un clamor desesperado de ayuda. Orgulloso y auto confiado, no se animó a decir a los que estaban cercanos a él que tenía problemas. En lugar de eso, escogió enmascarar su angustia con “pistas verbales extrañas” con la esperanza que alguien pudiera captarlo y que respondiera.

Tales declaraciones, como tantas otras parecidas, deberían ser consideradas como clamores serios de socorro. Tener en cuenta que quizás los mismos individuos no se den cuenta de manera consciente que están pidiendo ayuda. Pueden pensar que simplemente están dejando ver su frustración o expresando sus emociones, cuando en realidad están buscando una vía de escape de su dolor.

…Cuando iba caminando hacia la clase me encontré con Alejandra. Tenía una mirada rara y me dijo: “¡He perdido el miedo!, nos vemos en el infierno!”. Fue todo lo que dijo y se alejó.

¿Qué es lo que quiso decir con eso? ...Alejandra se suicidó al día siguiente.

“Es que Alejandra siempre estaba bromeando y nunca supe cuándo tomarla en serio”.

Una de las razones por la cual sus amigos no tomaron en serio las palabras de Alejandra fue porque ellos habían escuchado este tipo de bromas con anterioridad; se habían vuelto insensibles. Pero vemos, que el hacer bromas de cuestiones serias puede ser una señal de aviso.

Uno de los mecanismos que muchos utilizan para tratar con los temas desagradables es el hacerlos ligeros por medio de declaraciones humorísticas. Si alguien hace una broma “ocasional” con respecto a la muerte, el suicidio u otro tema morboso, no me preocuparía.

Sin embargo, cuando veo que una persona manifiesta un humor constante sobre un tema morboso, las probabilidades indican que tal persona está luchando emocionalmente con ese tema en particular.

Es necesario tomar en serio este tipo de declaraciones. Sé lo que puede ser un humor disfrazado para un alma turbada. Las bromas desarman a los demás al dar falsas impresiones de que todo está bien y que no hay necesidad de preocuparse.

Después de todo, si las cosas fueran tan malas, ¿me estaría riendo?.

¿Qué hacer? ¡Interesarse, preguntar y actuar!. Si estás equivocado y la persona no tiene intenciones suicidas, puede que te sientas mal o avergonzado, pero tu amigo sabrá que estás interesado en él. Sin embargo, si estás en lo correcto y no haces nada, bien podrías terminar asistiendo a su funeral.

Prevenir = HABLAR.

RECUERDA: El suicidio es una causa de muerte evitable. HABLEMOS.

 

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina.

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

“El deporte, que nació de juegos realmente populares, es decir, producidos por el pueblo, regresa al pueblo a la manera de la música folclórica, en forma de espectáculos producidos para el pueblo…se difunde mucho más allá del círculo de los que lo practican actualmente o lo hicieron en otra época, es decir, entre un círculo que no siempre tiene la competencia para entenderlo como es debido” (Bourdieu, 1990)

Si bien hemos hecho referencia al deporte en más de una ocasión, su carácter polisémico -con pluralidad de significados- habilita y obliga a la reflexión permanente en función de lo que el deporte como objeto construye y lo que sobre él se construye en los diversos espacios sociales de los que forma parte.

Tal es el caso del Baby Fútbol. Los rasgos particulares que lo configuran merecen la reflexión exhaustiva partiendo del análisis de los campos que sobre él actúan y lo convierten en un producto extraño, capaz de atraer a los espectadores con gustos más diversos, a la vez que espantar otro tanto debido a los rasgos casi demoníacos que en ocasiones adquieren sus formas.

En relación al propio fenómeno y para comenzar el análisis, podríamos hacer referencia a quienes lo viven y lo disfrutan como espacio de formación de sus hijos, aquellos que repiten el discurso posmoderno, aquel que dice que la vida es competencia y que el Baby fútbol es, per se, un espacio de construcción de los rasgos más determinantes del carácter de los niños -otrora el carácter de los líderes burgueses-. Desde nuestra perspectiva no existen formas directamente cuestionables sobre esas visiones.

Estamos frente a un claro proceso de normalización sobre ciertas estructuras del deporte infantil que funcionan sin ningún tipo de reflexión porque, en la medida en que niños y padres disfruten de ellas, no parece necesario cuestionarlas.

Para el caso parece ser la propia normalización la que regula el espacio social a tal punto que los procesos de deformación interna que sufre el deporte parecen imperceptibles y terminan siendo el resultado de formas gestadas al exterior del juego por aquellos que, como espectadores y consumidores del deporte espectáculo, contaminan el fútbol infantil.

Quizás la reflexión más común en cuanto al Baby fútbol y a su entorno es la que viene de la mano de la psicología, describiendo las conductas de los padres como un intento por transmitir a los nóveles deportistas sus propias frustraciones. Esto trasciende, de acuerdo con esa línea, las frustraciones deportivas de los padres, ya que muchos de ellos jamás se vincularon directamente a la práctica futbolística federada.

Es preciso diferenciar en este sentido al deportista de fin de semana o al que juega con sus amigos en una liga amateur, de aquel que alguna vez logró participar de un deporte federado, más allá de las condiciones de esa federación.  El hecho de la frustración seguramente deberá pensarse más allá del propio ámbito deportivo y se vinculará a las formas en las que los padres se proyectan en sus hijos siempre desde en vínculo fuertemente emocional y marcado indefectiblemente por las buenas intenciones.

El análisis que realiza Bourdieu nos muestra la dimensión socio histórica de esta problemática, a la vez que habilita nuestro rol docente en cuanto a la participación del proceso de reconstrucción cultural. Para el autor, el deporte moderno como construcción de la clase obrera, como producto del pueblo trabajador expropiado por la clase noble inglesa, regresa el pueblo en forma de espectáculo. Aquellos sujetos “colonizados” que entregaron su legado al sector más pudiente para educar a los jóvenes en sus escuelas, en determinado momento de la historia, vuelven a participar de él como espectadores.

El problema es que las formas que había adquirido el deporte habían alejado al pueblo de la propia práctica deportiva, alejándolos también de la comprensión de las formas deportivas más profundas, del virtuosismo técnico y táctico sobre las acciones, del entendimiento de las lógicas profundas que hacen del deporte un objeto en extremo complejo y perfectible. Le habían quitado al pueblo la capacidad para entender el fútbol vinculada siempre a su participación y comprensión, por tanto, del juego desde el juego.

Esta suerte de robo intelectual construye entonces, en las ideas del autor, un sector social que participa como espectador pero que aplaude la teatralización del fútbol desde sus aspectos más bárbaros. Se legitiman las formas de entrega, lo violento por sobre el estético, lo pícaro por sobre lo estratégico… en fin, lo antideportivo por sobre lo estrictamente deportivo, de forma de que el deporte, en función de su imposibilidad por escapar a los aspectos exógenos que lo construyen, sufre innumerables deformaciones dentro y fuera de la cancha.

Con el paso del tiempo y vinculado a los procesos de globalización el deporte, y para el caso particular el fútbol, vuelve a transformarse en un deporte popular. Ya no en un juego dado sus rasgos internos, pero si en un deporte que se practica desde hace mucho tiempo en los escenarios más diversos. El deporte espectáculo sigue creciendo, pero de la mano de aquellas formas exageradas de teatralizar lo irrepetible y de aplaudir la patada por sobre el caño y la barrida al piso por sobre el gol o el virtuosismo de la finta.

Esas formas históricas son parte de la construcción del Baby fútbol actual en nuestro país y, debido al proceso cultural que las instaló y pareciera habilitarlas, puebla nuestras canchas y condiciona nuestros niños cada fin de semana. Basta con participar para ver y escuchar los discursos de los espectadores y los gritos desesperados hacia los niños, con palabras y sugerencias que demuestran que aún al día de hoy gran cantidad de los que participan como espectador, siguen sin entender el deporte.

Decíamos que esta lectura sobre el deporte como objeto cultural y sus deformaciones históricas, no sólo pretende ser una defensa hacia esos padres que gritan desde su condición de sujetos históricos y como parte de su habitus, sino que habilita la reflexión para los docentes en cuanto a la necesidad de pensar el deporte más allá de sus prácticas y más allá del proceso de formación de los propios practicantes.

Es una reflexión que nos moviliza para pensar en esos padres espectadores que son producto del Baby fútbol como construcción y que son a su vez constructores pero que son, en cualquier forma, sujetos impostergables para la educación deportiva.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente. Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

Muchas familias niegan un suicidio obvio aun en el caso de que haya evidencia indiscutible. La mera idea de que un ser querido se quite la vida es emocionalmente difícil de asimilar. El proceso de negación es complicado por el sentido abrumador de la culpa y de la responsabilidad que siente la familia.

Simplemente es muy doloroso para los miembros de la familia el admitirse el uno al otro que su ser querido se quitó la vida. Cada miembro se siente responsable por no haber prevenido la pérdida.

Sería difícil el sobreestimar las consecuencias actuales y futuras por causa de esta tendencia suicida si es que no se hace algo en cada comunidad que ayude a abortar este tipo de incidentes. Esta desesperante situación no va a cambiar por sí sola.

Otras tendencias, tales como el quebrantamiento de la unidad familiar, la decadencia de los valores y la poca consideración del valor de la vida, alimentan la problemática suicida. Estas tendencias no están mejorando, así que tampoco podemos esperar que la tasa de suicidio disminuya.

El suicidio es un síntoma de problemas, situaciones y tendencias las cuales no hemos reconocido ni enfrentado de la manera apropiada. Conocer las señales de aviso o los síntomas que puede mostrar una persona que desea suicidarse es un primer paso esencial, para disminuir las muertes.

La mayoría de las personas que han perdido a un ser querido por causa del suicidio dicen que nunca se imaginaron que les pudiera suceder a ellos, y que no vieron nada que indicara que su ser amado estaba experimentando algún problema grande. Una de las razones es que muchos de los mensajes pueden ser sutiles.

Un área en la que los adolescentes son altamente deficientes es la de “soportar el sufrimiento”. Reciben un sinnúmero de oportunidades para afligirse, pero tienen pocos recursos para tratar con ello. Además, debemos enseñar a los chicos que los sentimientos siempre cambian, aun aquellos que parecen abrumarnos.

Hay momentos que a todos nos dan deseos de darnos por vencidos. Un día puede que nos sintamos maravillosamente bien y pensamos que la vida es grandiosa, al día siguiente nuestras vidas parecen no tener esperanza alguna.

No debemos olvidar que la clave para la prevención es HABLAR. Es necesario que aprendamos a expresar y exteriorizar lo que sentimos. De esa forma, la persona agobiada, podrá recibir ayuda.

NO OLVIDE: El suicidio es una causa de muerte EVITABLE.

 

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina Especializaciones en Suicidología: Red de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

“Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase” (Lenin)

Es probable que, la gran carencia de los sindicatos de la educación sea la falta de intercambio político ideológico con sus afiliados no directivos, la ausencia de espacios de debate que no se enfoquen en los problemas como emergentes, sino en los supuestos teóricos que subyacen dichos problemas.

La dificultad real para entender la lógica de los famosos paros en educación, que no es la misma lógica de los paros de otras épocas, porque al paro hay que situarlo para pensarlo, radica en la falta -intencional o no- de espacios reflexivos de análisis profundo que promuevan en el trabajador el desarrollo crítico para actuar conscientemente y no promovido por el sentido o no de pertenencia a un colectivo o, sencillamente, por motivaciones personales.

Es inevitable pensar un sindicato como una estructura político-ideológica creada por los trabajadores y trabajando para ellos. Parece innecesario acotar que, en este escenario, los intereses personales serán subordinados por intereses colectivos que, en función de un sentido también colectivo que sostenga las prácticas del propio sindicato, tomará como faro un proyecto social pensado sobre un referente de justicia social que garantice, entre otras cosas, las condiciones laborales de los trabajadores como parte del engranaje que sostiene el propio proyecto.

Decimos, en este sentido, que el fondo de las acciones sindicales deberá ser siempre el proyecto y no los propios trabajadores porque parece a priori contradictorio asumir que existe una significación válida en cuanto a las mejoras laborales si el proyecto social no se construye de la mano de esas acciones.

Es también de orden aclarar los matices partidarios que los propios sindicatos toman -en función de que hoy parecen ser el principal trampolín político- condicionando acciones de sus afiliados en base a pensamientos que responden más al sentido de pertenencia a ese sector político que a la propia clase trabajadora.

Debería ser prioridad de cada sindicato el declararse independiente de los sectores político-partidarios, más allá de que luego sus propias prácticas los enfrenten a la inevitable imagen de la contradicción.

Como decíamos inicialmente, los espacios de debate serán el lugar de circulación de los saberes básicos para poder comprender un fenómeno que necesariamente requiere de un análisis profundo. El propósito de la formación de los trabajadores será facilitar los aspectos teóricos que subyacen al paro como práctica social, apelando a las ideas de Carr & Kemmis de que la única forma de entender una práctica es con teoría.

No existen prácticas neutras, aunque simulen serlo, porque el desconocimiento del fondo tampoco exime de culpas. Es parte medular del ejercicio de la democracia el desarrollo del interés personal que facilite un proceso reflexivo sobre un proyecto de país, más allá de que sabemos que existen maniobras que intencionalmente favorecen formas parcializadas de ignorancia.

Las palabras jamás son huecas, siempre están cargadas de sentidos. Y los sentidos se construyen sobre lo que se dice, pero también sobre lo que no se dice. Porque el silencio, en la mayoría de los casos, encubre prácticas de fondo que, para el caso de las acciones sindicales, son mucho más importante que los motivos explícitos de los propios paros.

Basta con intentar explicar los sentidos del seis por ciento a sujetos alejados de los ámbitos educativos, para darnos cuenta de que el problema no es explicar el propio porcentaje sino el por qué y el para qué de la inversión en educación a la luz de teorías macroeconómicas alineadas a la lógica del capital humano. Porque sabido es que, desde la línea del Banco Mundial, parece ser que la inversión en educación deberá significarse en el aumento del PBI. De lo contrario no se justifica.

Parar en educación va mucho más allá de parar para el seis por ciento. Va más allá incluso del sentido de pertenencia con el sindicato, o de estar afiliado o no. -convengamos aquí que no es lo mismo, muchos afiliados padecemos la falta de ese sentido de pertenencia-.

Parar va también más allá de identificarse con un determinado sector político partidario porque es de libro la independencia partidaria del trabajador como trabajador, no del trabajador como votante en el ejercicio de su derecho democrático.

Parar en educación es parar como medida de expresión frente a un proyecto social que encubre bajo las formas del cuatro y algo por ciento, las formas más repudiables del neoliberalismo. Es parar asumiendo que esas condiciones económicas que se reclaman son parte indispensable de un proyecto que deberá pensar la educación como una práctica liberadora y no como un proceso de promoción de la cadena productiva.

Parar en educación es, en definitiva, la voz de los docentes que se niegan a ser una víctima más de los acuerdos internacionales y que reclaman su espacio para pensar juntos y críticamente el fondo ideológico que sostiene el propio proyecto social del que todos, aunque no lo sepamos, somos parte.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente. Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Mauro Mendiburu Benedetto

Durante varios meses hemos estado hablando de la inconsistencia de un plan económico argentino, basado en el endeudamiento como método de solución a ciertos desequilibrios macroeconómicos. El endeudamiento público (y también privado) no es malo en sí mismo, pero de la forma en que se lo utiliza en estas latitudes, resulta extraño encontrar ejemplos de su bondad.

Argentina se endeudó agresivamente y a tasas muy altas. Al momento de hacerlo, el relato era reiterado por casi todos los medios periodísticos: ante la incapacidad de solucionar los desequilibrios estructurales se echaba la culpa a la “pesada herencia”; quienes criticábamos la política de endeudamiento por sus efectos en el largo plazo (los de hoy), éramos tildados de opositores al “cambio”; sólo se observaba el déficit fiscal primario, evitando así reconocer el peso que tendría el pago de intereses de la deuda contraída; a excepción de alguna propuesta del Frente Renovador, nunca hubo una sola idea reactivadora de la producción nacional, pues la “lluvia de inversiones” vendría sola; y podríamos seguir, pero estaba claro que la culpa la tenía otro.

No es necesario ir muy lejos para encontrar el mismo relato: la deuda externa pública uruguaya, publicada por el BCU, pasó de Usd 9558 millones en el año 2003, hasta los Usd 17831 millones a diciembre de 2017. Dicho incremento del endeudamiento vino a financiar déficits fiscales, provocando a su vez pagos de intereses a futuro que dificultan luego el cumplimiento de diversas metas.

Hoy por hoy, el déficit global de nuestro país asciende a 3.7% del PIB, un dato para nada despreciable. El punto es que casi su totalidad corresponde a pago de intereses de deuda pública, exactamente el 3.3% del PIB. Mientras la Educación solicita el 6%+1% del PIB, los tenedores de deuda pública obtienen casi la mitad del mismo sin hacer reclamo alguno. Es que estamos pagando el costo de habernos endeudado oportunamente, será el Gobierno que se endeudó quién deba explicar si el “beneficio” de aquel endeudamiento era mayor al “beneficio” actual al que se debe renunciar.

Por estas latitudes, las expresiones de autoridades de la Intendencia de Maldonado frente a la solicitud de endeudamiento es la misma que vemos en los actores argentinos. El relato es el mismo: se considera un éxito que haya bancos e instituciones financieras oferentes y que ello demuestra la confianza en la gestión municipal (en Argentina se hablaba de la confianza del resto del mundo en el cambio que propiciaba el nuevo gobierno), como si las instituciones financieras les importara en algo que el tránsito en Maldonado esté mejor (o peor), o si hubiese obras importantes (o no). Nadie habla de los intereses que habrá que pagar (y lo que se renunciará a cambio), ni de la fragilidad a futuro del endeudamiento, ni del análisis económico realizado previo a la solicitud de la deuda.

El relato es siempre el mismo: “el endeudamiento ha sido un éxito”. Pues, solo ver el ejemplo argentino exime de comentarios. Será un “éxito” mientras alguien nos preste por nuestra incapacidad de desarrollar la economía local o nacional. El día que cambien los vientos de préstamos, dejará de ser un “éxito”, y volveremos a rebajas salariales o ajustes violentos, como los que veremos en los próximos meses en Argentina, al fin y al cabo, el relato es siempre el mismo, y también tiene los mismos finales.

*) Es Master en Economía Financiera por la Univ. of London-SOAS, UK. Se desempeña actualmente como Profesor de Economía de la Universidad de la República (CURE-Maldonado) y de la Universidad Católica del Uruguay (Sede Punta del Este). Es asesor de inversiones financieras.

*) Prof. José Luis Corbo

“…Si bien la ciencia social aplicada a la educación puede proporcionar resultados que nos ayuden a entender las reglas de juego de la acción, no puede proporcionarnos la base para una tecnología de la enseñanza que brinde al profesor una orientación fiable. Las predicciones basadas en niveles estadísticos de confianza son aplicables a la acción sólo cuando haya que aplicar el mismo tratamiento a toda la población. Esta condición no sirve en educación. Al profesor le incumbe diferenciar los tratamientos”. Stenhouse, L. (1987)

Son tantas las formas que dibujan los intentos desesperados por salir de una supuesta crisis en la educación que, a estas alturas, se nos dificulta comprender qué es real y qué es parte de esas construcciones abstractas, forzadas y partidariamente cargadas que construyen los medios de comunicación masiva y que, por algún tipo desconocida de ósmosis, terminan construyendo nuestros discursos.

Es real que los cambios de época suponen cambios en la educación porque en esa dialéctica sociedad-educación, la sociedad construye educación y la educación debería también aportar a la construcción de esa sociedad. Si bien esta afirmación requiere de análisis más profundos, tal vez desde perspectivas marxistas o gramscianas, podríamos quedarnos con algo que es básico, la necesidad de pensar en un proyecto social que, a la vez de adaptarse a los cambios, promueva ciudadanos que comprendan y se posicionen ante dichos cambios, en lugar de adaptarse doctrinalmente a ellos.

Podemos tomar el ejemplo de la tecnología, que hoy invade las aulas, sobre todo lo vinculado a la informática, la robótica y todos sus derivados. ¿Será necesario instruir a los jóvenes en el manejo básico de las herramientas tecnológicas o debemos, en otro sentido y, antes que nada, promover el desarrollo crítico y reflexivo sobre los usos conscientes de la tecnología para entender, entre otras cosas, las formas de manipulación para las que la propia tecnología es usada?.

Debates como este surgen varios. Lo hemos planteado con otras formas, pero idéntico fondo para el Deporte, por ejemplo. Lo que queremos tomar en esta ocasión, es la mirada actual que se promueve y que construye y configura discursos y prácticas educativas y que es el resultado de la producción de agentes intelectuales externos a la escuela. Es decir, el tomar partido por temas educativos con una visión de la educación que responde a los ojos de los no educadores.

En la actualidad, los medios promueven y reproducen la visión de un grupo de intelectuales respetados en la academia que prometen cambiar la educación -no sabemos si el ADN o qué- en función de un manual “abierto” que respeta insumos de moda en cuanto al debate educativo y elabora una propuesta del orden de lo político, económico o educativo -no se sabe cuál de ellos pesa más- que se presenta al común de la gente como una respuesta seria y bien intencionada ante la problemática emergente de la educación.

El problema de estas propuestas es que las visiones que exponen, que simulan ser multidisciplinares, pero responden al orden de lo sociológico, lo antropológico, lo psicológico… o algún otro campo, son y siempre serán visiones “sobre” educación y jamás “en” educación, porque los sociólogos no están ni van a las escuelas.

Sabemos que existe un aporte docente en esta propuesta, pero nos posicionamos claramente en la vereda de enfrente. En este sentido, Chomsky nos advertía que, si creemos en la libertad de expresión, debemos incluir la de los otros. Y con esto no queremos decir que el conocimiento que producen carezca de validez, sino que su transposición y sus aportes a la práctica no contemplan aspectos pedagógicos y didácticos poco menos que medulares para este asunto.

No podemos ni debemos obligar a un sociólogo a que piense como docente. No creemos tampoco que sea necesario. El gran Bourdieu, más de una vez, dejó claro que su trabajo como sociólogo consistía en describir y desenmascarar esas acciones inconscientes de los sujetos que configuran los códigos sociales y culturales y que son, a su vez, estructuradoras de esos sujetos. Jamás elaboró un plan de estudio, porque no era pedagogo y porque su desarrollo intelectual lo obligaba en cierta forma a respetar los campos.

Lo cierto es que hoy tenemos la posibilidad de leer un documento de más de cien hojas en el que no aparecen las palabras crítica ni criticidad. Un documento que llega a salvarnos pero que a la vez nos condena. Es la mirada de los que piensan que está todo mal y que ellos tienen el mensaje de la salvación, pero que jamás accederán a remangarse los pantalones para pisar el barro. Es la mirada externa, tan externa como la de los que nos miran desde afuera y pretenden evaluarnos.

Lo peor es que todo tiene lógica en ese tipo de construcciones y es poco menos que predecible. Sería ilógico que la lógica de quienes nos someten promueva ideas educativas que nos liberen, lo decía hace muchos años Freire. Esa visión educativa es básicamente económica, se vincula a la producción y a la preparación para el mercado, asumiendo que lo único válido a saber es lo vinculado con lo axiológico en formas de competencias duras y el resto es blando, porque debemos aprenderlo para desaprenderlo en la medida que el propio mercado nos lo demande. Es el discurso neoliberal, el de las prácticas liberadoras, liberadoras de los capitales del mercado, pero jamás de los sujetos.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente. Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Daniel Pelenur MBA

Las empresas están concebidas para que después de completar su ciclo productivo, comercial o de servicios, pueda haber un resultado tangible que permita que esos flujos de dinero vuelvan a mis activos, pago de obligaciones y procesos, para continuar mis ciclos, y muy cautelosamente poder reservar en caso de que haya remanente, una cantidad de ese resultado como reserva para inversiones y complementariamente, entregas a los dueños, accionistas otro monto parcial de ese resultado.

Así debería funcionar el sistema, organizaciones de todo tipo, personales, sociedades, asociaciones civiles, es decir toda organización que tenga o no fines de lucro debe tener un remanente para distribución o acumulación de reservas y/o entrega de resultados a sus dueños.

En el enfoque de las organizaciones que persiguen un lucro, estas deben competir en mercados internos y externos para poder colocar sus productos o servicios. Nuestro paisito ha sido bendecido por un clima muy favorable para productos que tienen que ver con su tierra, agricultura y ganadería como mayores exponentes.

Somos muy buenos exportadores de productos cárnicos, lácteos y granos, con volúmenes muy importantes para el tamaño de extensión de tierra que tenemos.  Nuestra economía es chica, es decir tenemos un mercado interno reducido, donde se hace difícil ser productivo/eficiente por no contar muchas veces con economías de escala para poder aprovechar al máximo nuestra capacidad instalada.

En el mercado exterior competimos siempre de atrás, con escollos muy grandes porque la mayoría de nuestros productos exportables paga aranceles en destino.  Los gobiernos para eso tratan de negociar acuerdos; son duras sesiones de tira y afloje que pueden extenderse muchos años, pero que finalmente se logra un entendimiento satisfactorio para dichas economías.

La empresa Oriental está aislada de todos estos acuerdos; no voy a entrar en detalles técnicos que pueden aburrir mucho, pero conceptualmente nuestros personajes que viven en su mundo sesentista, populista, clasista, cortoplacista, idealista, y varios istas más, son agentes de alta resistencia a todo lo que Uruguay pueda negociar con otros países para abrir la economía y poder llegar más lejos a todo….

Sigo pensando que estamos gobernados por estos personajes que muy poco les importa que nuestras empresas puedan seguir sobreviviendo, anteponiendo ridículas concepciones clasistas, ideológicas y de pensamientos económicos jurásicos, de mirar para abajo y no ver nada, solo yo y mis intereses, mi sueldo jugoso de legislador o burócrata de turno en alguna empresa pública y que siga la joda; solo veo alguna ramita del bosque. Estoy en contra, es una reacción innata, sin pensarlo…

A tal punto somos un “no país “(teoría que vengo trabajando hace más de 30 años), que el Poder Ejecutivo está a favor del tratado con Chile, pero los comités y vaya a saber que otras situaciones absurdas de “las bases y la representatividad” hacen que no se pueda seguir adelante con este pequeño paso a mejorar nuestras facturaciones y por ende nuestros resultados.

La ignorancia de unos hace que nuestra calidad de vida siga declinando, solo importan las chacras individuales, las chacras ideológicas del pasado, y poco o nada el bienestar general de la población.

Escuchen bien personajes: bien simple, paren de tomar mate cinco minutos, y miren un poquito a lo que digo, no se asusten que siguen cobrando sus sueldos; mis líneas no tendrán ninguna consecuencia en su modo de vida, es solo para darles un pequeño refresco de la realidad: si las empresas pueden seguir sobreviviendo, si tienen resultados favorables, todos ganamos (aunque no lo crean, Uds. también); el empleo neto crece, dicha organización puede pagar las obligaciones fiscales correspondientes y no tener que entrar al mercado gris por no tener fondos para afrontar todo, hay más desarrollo, más inversión, más crecimiento hacia el exterior, más empleo… menos cierre de empresas y oportunidades…

Ya me estoy quedando sin aire por el nudo mental que se me hace al tener que vivir esta desfachatez, este sin sentido de ir en contra de todo lo que puede ser potencialmente bueno para todos. Bueno, ahora sigan con el mate y sus interminables polémicas y dialécticas que pocos podemos entender… mientras el resto de la población ve pasar oportunidades únicas de crecimiento y mejora de calidad de vida, con todas sus positivas implicancias…

*) Master en Administración de Empresas (New York University). Ocupó cargos gerenciales de primer nivel en áreas administrativas financieras en importantes empresas en Montevideo y Buenos Aires. Docente Universitario. Desde el 2008 hace consultoría y capacitación en empresas familiares en áreas de Administración, Contabilidad, Finanzas y Organización. Cel. 099 141 417 - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

*) Prof. José Luis Corbo

“Cada momento histórico trae una visión particular que cambia en función de los significados del trabajo, del conocimiento y de las influencias de un complejo conjunto de prácticas sociales. Los conceptos de cuerpo, salud, predominantes en la cultura, así como las formas de organización política y social determinan una serie de condicionantes que influyen en el desarrollo e inserción de las prácticas corporales y motrices en la perspectiva educativa y socializadora.”  (Rozengardt, R. 2010)

El debate en cuanto a “lo educativo” del deporte es un debate amplio, ambiguo, obviamente abierto y en construcción permanente. Su abordaje requiere bastante más que una problematización liviana y las formas que se construyen en relación con el tema son en extremo complejas.

Asumimos en este sentido un problema tal vez de vigilancia epistemológica… Existe una diversidad de saberes coloquiales que parecen validarse por su mera repetición, llegando inclusive a cuestionar saberes de orden académico. Lo que nos parece incuestionable en todo sentido, y en palabras de Velázquez Buendía, es el valor del deporte en tanto legado cultural y la necesidad imperativa de cuidarlo, pensarlo, construirlo y reconstruirlo en dicho sentido.

Sabemos y hemos mencionado los orígenes un tanto oscuros del deporte moderno, así como su carácter adoctrinante, sus formas reproductivistas y el mensaje oculto detrás de los famosos “valores del deporte”. Para Brohm (1978) el deporte surge como un aparato ideológico que reproduce en su estructura los rasgos de ciertas formas sociales que privilegian a un determinado sector y que necesitan mantenerse para reproducir condiciones de producción.

Es concebido, por tanto, como un reproductor claro de hegemonía y desigualdad social, un instrumento al servicio del status quo. “No cabe concebir, que sigan vigentes procesos de iniciación deportiva en particular, ni de educación en general, cuyo propósito se limite a reproducir y transmitir un sistema de creencias, conocimientos, valores, ideas, símbolos… a los que, por otra parte, cabe atribuir en la actualidad una dudosa continuidad temporal como si se tratase de formar ciudadanos que han de convivir en sociedades y culturas apenas mutables” (Velázquez Buendía, 2004).

Más cerca en la historia, otros usos del deporte con fondos y formas diversas han manchado los libros y se han borrado de la memoria de los historiadores con el propósito de no demonizarlo. Un ejemplo, en el fútbol, es el “partido de la muerte” durante la segunda guerra mundial, en el cual un equipo de prisioneros de guerra elige la muerte antes que la derrota en un partido pensado con intenciones claramente chovinistas.

Este chovinismo se visualiza hoy en día entre países que se declaran enemigos acérrimos pero que jamás se han enfrentado en otras contiendas que no sean las de orden deportivo.

En la actualidad, el deporte es usado de diversas formas que esconden, en su propia práctica, construcciones acerca del mundo, de la sociedad y de la cultura que, si bien no alcanzan los niveles que otrora alcanzaron, se presentan bajo discursos atractivos, pero poco creíbles de ser analizados en profundidad. Nos interesa en este caso particular, el tema de la democratización del deporte. No sólo el mensaje que esconde el título, sino las formas de pensarlo y presentarlo.

A nivel político y a toda escala -micro y macro-, parece ser que la democratización pasaría por el simple hecho de llevar el deporte a los barrios más carenciados. Bajo estos supuestos la construcción y el cuidado de espacios para uso deportivo y el préstamo de materiales a la población garantizaría a los sujetos que allí habitan, un acceso ilimitado y disfrutable a ese legado cultural que es el deporte.

Desconocemos en este sentido, que los factores que limitan el desarrollo del deporte para esas poblaciones no son relativos al deporte y a su práctica en virtud de la necesidad de espacios, sino que las condicionantes son exógenas y lo que impiden no es solamente el acceso al deporte, sino que limitan antes que nada la capacidad de los sujetos para intervenir en esas formas de espacios culturales en los que difícilmente convivan, por ejemplo, el hambre y el fútbol.

Es cierto también que cada deporte es construido en su espacio y que cada cultura deportiva es única y particular. Pero también es cierto que esa construcción no es impermeable a esos factores a los que hacemos referencia y que son ellos los que en definitiva condicionan igual o más que la propia cancha.

Una segunda forma de democratización dudosa se visualiza hoy en las instituciones educativas formales. De un tiempo a esta parte, empresas generalmente de orden internacional y no vinculadas al deporte, organizan campeonatos en los cuales conviven escuelas públicas y colegios privados del país.

Prima en estas formas el carácter elitista y seleccionador casi desterrado de las escuelas -si es cultura es de todos y no de los más hábiles motrizmente- que recuerda los orígenes piramidales de la escuela y del propio deporte moderno. Una especie de deja vu de las public schools inglesas.

Lo interesante no es lo poco creíble de las políticas empresariales que nos venden su falsa filantropía en esas formas livianas de sometimiento deportivo -convengamos que los colegios tienen escuelas deportivas del orden casi que de una federación- sino la falta de análisis que nos debemos los docentes que muchas veces accedemos a participar bajo la falsa promesa de la igualdad de condiciones para nuestros niños.

Es importante tener presente también que así lo hicieron los ingleses porque así lo pensaron. El mensaje oculto lo construyeron ellos, intencionalmente. Nos debemos por lo menos una reflexión y un análisis crítico, necesariamente ideológico, para no someter a nuestros niños a prácticas que, en gran cantidad de casos, excluyen y alejan mucho más de lo que democratizan, dejando en manos de los mismos, la construcción y el cuidado de nuestro valioso legado cultural.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.